Pero ¿quién diablos es Anton Volkov?
Yo normalmente hago muchos comentarios sobre pornografía. No es que sea ningún gurú del tema ni que tenga una vastísima colección al respecto (aunque tampoco creo que, a día de hoy, existiendo internet, haga falta), pero siempre estoy diciendo cosas al respecto. Está bien, es divertido, y me da un cierto aire políticamente incorrecto y basto, porque ver pornografía, hasta donde yo sé, se sigue considerando algo basto y no es algo que la gente vaya haciendo por ahí con la frecuencia con la que yo lo hago, hasta donde yo sé. Pero ese aire le hace pensar a cierta gente que, como sucede con tantísimos aires que yo me doy, no es más que un farol, un complemento del disfraz que me pongo para encarar al mundo y a ti, su habitante, y así, sospecho con bastante certeza, hay gente que, precisamente porque no paro de mencionar el porno, piensa que yo no veo nada de porno en absoluto.
Pero sí, de hecho sí que lo veo. Aunque lo veo de una forma un tanto rara. Y ya, ya sé que lo de ir de raro por la vida también lo exagero y tal, pero tendrás que concederme que eso de disfraz no tiene mucho, porque raro sí que soy. Como lo somos todos, por otra parte, pero en fin, espero que no sea prepotente hacer gala de alguna que otra extravagancia pública más de las habituales en el común de los mortales.
Al grano. Mi relación con la pornografía se restringe a la fotografía. De nunca me han llamado ni los vídeos ni las películas, que veo súmamente irreales, y que yo siento invadir mi intimidad de una forma que la fotografía no amenaza: Ver cómo una persona se mueve le da un volumen, una vida. Escucharla le da un carácter. Sólo por eso, dejando de lado la mecánica del própio sexo, que yo siempre he visto tan alejada del porno que he visto (o de casi todo él; siempre hay un par de excepciones), el porno animado le quita a uno gran parte de la cantidad de fantasía que el porno fotografiado puede proporcionarle, es decir, en mi caso le quita bastante de la gracia del tema. Y en cualquier caso supongo que gustándome tantísimo como me gustan las mujeres y gustándome tantísimo la fotografía era inevitable que a mí me gustase particularmente la parte fotográfica de la pornografía. Pero cuando digo que me gusta me refiero a que me gusta igual que me gusta la música, el cine o la literatura: Hay estilos que están de puta madre, y otros que aborrezco.
En cualquier caso eso que he dicho de que la imagen en movimiento le da "una vida" a la pornografía creo que es esencial para entender qué me gusta a mí de ella y qué busco yo: Yo en la pornografía no busco realidad, y por no tanto no busco realismo. Yo lo que busco es sugerencia y la inmovilidad que le permite a uno construirse un antes y un después o directamente renunciar a ello y servirse una ración de presente estático. Sospecho que todo esto implica que yo en realidad ando más cerca del gusto por lo erótico que por lo pornográfico, aunque no veo del todo clara la relación y no me voy a andar entreteniendo en explorarla, que luego dices que escribo demasiado. Así que a lo que íbamos.
El problema con la fotografía en internet es que, en general y por contradictorio que suene, la aborrezco.
Este problema tiene dos razones. La primera es que, como sucede en cualquier campo, hay multitud de conceptos y cada fotógrafo tiene el suyo, y los hay que opinan que para que una foto porno sea buena tiene que mostrar carne de la forma más explícita posible y ponerle a uno cachondo mediante la presencia de tías con las tetas enormes que están siendo penetradas de alguna forma supuestamente estimuladora de mi líbido por un tipo con una verga megalítica, y desgraciadamene esos son la mayoría. Claro que, recomponiendo analogías, las películas de mayor audiencia suelen parecerme nefastas y no por ello reniego del cine.
Y como en el cine, hay gente que entiende la pornografía de otra manera, porque al fin cada cual, supongo, hace lo que le dictan su conciencia y sus gustos (o las imposiciones del márketing o la orden del jefe, o lo que sea), y al fin, si uno busca lo suficiente, termina encontrando platos a su gusto.
A mí esto me ha costado siglos: Durante noches y noches he matado las horas viendo pornografía y buscando fotos que me llegasen, y suele ser un asunto jodido. Al final, si uno busca un rato, termina por dar con las fotos de alguna muchacha que encaje con mis gustos. Por lo general estas fotos van en series, y por lo general las fotos que a mí me gustan suelen ser minoría porque el gusto del fotógrafo o el dictado del márketing ponen a la buena muchacha a poner posturas ridículas o se empeñan en meterle cosas por el culo o pringarle la cara, pero como hay tanta oferta la búsqueda nunca es desesperada y uno siempre puede admirar las fotos que le gustan y obviar el resto.
El caso es que con el tiempo un comienza a reconocer ciertas pautas, a recordar ciertos senderos y sobre todo a sentir ciertos nombres como familiares, y evita lo que sabe que probablemente no le guste y busca lo que probablemente sí. En ese sentido, hay un par de sitios, o de nombres de sitios, que son garantía de que, al menos, han hecho la intención de buscar a una mujer guapa e intentar hacer con ella algo que, aparte de todo lo demás, quede bonito. En ese sentido creo que ya estoy bordeando el nivel de elitismo desquiciante que a mí me encanta alcanzar en cualquiera de mis gustos y, de la gente que conozco y a falta de completar la encuesta con algo más de rigor, soy el único que algunas veces busca pornografía por el nombre del fotógrafo. Y aquí es donde entra en escena Anton Volkov. A Anton Volkov yo lo empecé a leer asociado al nombre de las modelos de una página de las que intentan currárselo. Nunca suelen ser fotos escandalosas, y hay algo en ellas que a mí personalmente me transmite buen rollo, algo en las sonrisas que salen en ellas que me hace pensar, y no deja de ser irónico en esto del porno, en calma y en familiaridad. Y con el tiempo, cada vez que leo su nombre, compongo una sonrisa que tiene algo de expectación y también algo de reencuentro, pero por alguna razón que desconozco aunque sí que he buscado fotografías suyas a menudo, hasta hoy no me ha dado por buscarle a él, al tipo detrás de la cámara.
No he descubierto gran cosa (que lleva poco tiempo haciendo fotos, que ve en ellas un cierto punto de irrealidad y que tanto él como los y las modelos de sus fotos se sienten muy naturales, lo que no deja de ser evidente en las mismas fotos), pero sí lo suficiente para irme a dormir contento: He descubierto que tiene una página web, donde tiene más fotos que las que yo le he venido viendo últimamente, lo cuál es estupendo porque le deja a uno disfrutar de algo más y matar mucha curiosidad, porque permite ver a Anton fuera de lo que para mí es su papel profesional, explorando otras inquietudes, probando cosas y, en muchas de sus fotos, tratando de sugerir más que de mostrar. Y de estas últimas las que más me han gustado son sin duda unos dípticos que a mí personalmente me han hecho reír bastante. Y con uno de ellos me despido y doy por cerrado el día de hoy, y lo etiqueto como un día fotográficamente provechoso.


Yo normalmente hago muchos comentarios sobre pornografía. No es que sea ningún gurú del tema ni que tenga una vastísima colección al respecto (aunque tampoco creo que, a día de hoy, existiendo internet, haga falta), pero siempre estoy diciendo cosas al respecto. Está bien, es divertido, y me da un cierto aire políticamente incorrecto y basto, porque ver pornografía, hasta donde yo sé, se sigue considerando algo basto y no es algo que la gente vaya haciendo por ahí con la frecuencia con la que yo lo hago, hasta donde yo sé. Pero ese aire le hace pensar a cierta gente que, como sucede con tantísimos aires que yo me doy, no es más que un farol, un complemento del disfraz que me pongo para encarar al mundo y a ti, su habitante, y así, sospecho con bastante certeza, hay gente que, precisamente porque no paro de mencionar el porno, piensa que yo no veo nada de porno en absoluto.
Pero sí, de hecho sí que lo veo. Aunque lo veo de una forma un tanto rara. Y ya, ya sé que lo de ir de raro por la vida también lo exagero y tal, pero tendrás que concederme que eso de disfraz no tiene mucho, porque raro sí que soy. Como lo somos todos, por otra parte, pero en fin, espero que no sea prepotente hacer gala de alguna que otra extravagancia pública más de las habituales en el común de los mortales.
Al grano. Mi relación con la pornografía se restringe a la fotografía. De nunca me han llamado ni los vídeos ni las películas, que veo súmamente irreales, y que yo siento invadir mi intimidad de una forma que la fotografía no amenaza: Ver cómo una persona se mueve le da un volumen, una vida. Escucharla le da un carácter. Sólo por eso, dejando de lado la mecánica del própio sexo, que yo siempre he visto tan alejada del porno que he visto (o de casi todo él; siempre hay un par de excepciones), el porno animado le quita a uno gran parte de la cantidad de fantasía que el porno fotografiado puede proporcionarle, es decir, en mi caso le quita bastante de la gracia del tema. Y en cualquier caso supongo que gustándome tantísimo como me gustan las mujeres y gustándome tantísimo la fotografía era inevitable que a mí me gustase particularmente la parte fotográfica de la pornografía. Pero cuando digo que me gusta me refiero a que me gusta igual que me gusta la música, el cine o la literatura: Hay estilos que están de puta madre, y otros que aborrezco.En cualquier caso eso que he dicho de que la imagen en movimiento le da "una vida" a la pornografía creo que es esencial para entender qué me gusta a mí de ella y qué busco yo: Yo en la pornografía no busco realidad, y por no tanto no busco realismo. Yo lo que busco es sugerencia y la inmovilidad que le permite a uno construirse un antes y un después o directamente renunciar a ello y servirse una ración de presente estático. Sospecho que todo esto implica que yo en realidad ando más cerca del gusto por lo erótico que por lo pornográfico, aunque no veo del todo clara la relación y no me voy a andar entreteniendo en explorarla, que luego dices que escribo demasiado. Así que a lo que íbamos.
El problema con la fotografía en internet es que, en general y por contradictorio que suene, la aborrezco.
Este problema tiene dos razones. La primera es que, como sucede en cualquier campo, hay multitud de conceptos y cada fotógrafo tiene el suyo, y los hay que opinan que para que una foto porno sea buena tiene que mostrar carne de la forma más explícita posible y ponerle a uno cachondo mediante la presencia de tías con las tetas enormes que están siendo penetradas de alguna forma supuestamente estimuladora de mi líbido por un tipo con una verga megalítica, y desgraciadamene esos son la mayoría. Claro que, recomponiendo analogías, las películas de mayor audiencia suelen parecerme nefastas y no por ello reniego del cine.
Y como en el cine, hay gente que entiende la pornografía de otra manera, porque al fin cada cual, supongo, hace lo que le dictan su conciencia y sus gustos (o las imposiciones del márketing o la orden del jefe, o lo que sea), y al fin, si uno busca lo suficiente, termina encontrando platos a su gusto.
A mí esto me ha costado siglos: Durante noches y noches he matado las horas viendo pornografía y buscando fotos que me llegasen, y suele ser un asunto jodido. Al final, si uno busca un rato, termina por dar con las fotos de alguna muchacha que encaje con mis gustos. Por lo general estas fotos van en series, y por lo general las fotos que a mí me gustan suelen ser minoría porque el gusto del fotógrafo o el dictado del márketing ponen a la buena muchacha a poner posturas ridículas o se empeñan en meterle cosas por el culo o pringarle la cara, pero como hay tanta oferta la búsqueda nunca es desesperada y uno siempre puede admirar las fotos que le gustan y obviar el resto.
El caso es que con el tiempo un comienza a reconocer ciertas pautas, a recordar ciertos senderos y sobre todo a sentir ciertos nombres como familiares, y evita lo que sabe que probablemente no le guste y busca lo que probablemente sí. En ese sentido, hay un par de sitios, o de nombres de sitios, que son garantía de que, al menos, han hecho la intención de buscar a una mujer guapa e intentar hacer con ella algo que, aparte de todo lo demás, quede bonito. En ese sentido creo que ya estoy bordeando el nivel de elitismo desquiciante que a mí me encanta alcanzar en cualquiera de mis gustos y, de la gente que conozco y a falta de completar la encuesta con algo más de rigor, soy el único que algunas veces busca pornografía por el nombre del fotógrafo. Y aquí es donde entra en escena Anton Volkov. A Anton Volkov yo lo empecé a leer asociado al nombre de las modelos de una página de las que intentan currárselo. Nunca suelen ser fotos escandalosas, y hay algo en ellas que a mí personalmente me transmite buen rollo, algo en las sonrisas que salen en ellas que me hace pensar, y no deja de ser irónico en esto del porno, en calma y en familiaridad. Y con el tiempo, cada vez que leo su nombre, compongo una sonrisa que tiene algo de expectación y también algo de reencuentro, pero por alguna razón que desconozco aunque sí que he buscado fotografías suyas a menudo, hasta hoy no me ha dado por buscarle a él, al tipo detrás de la cámara.
No he descubierto gran cosa (que lleva poco tiempo haciendo fotos, que ve en ellas un cierto punto de irrealidad y que tanto él como los y las modelos de sus fotos se sienten muy naturales, lo que no deja de ser evidente en las mismas fotos), pero sí lo suficiente para irme a dormir contento: He descubierto que tiene una página web, donde tiene más fotos que las que yo le he venido viendo últimamente, lo cuál es estupendo porque le deja a uno disfrutar de algo más y matar mucha curiosidad, porque permite ver a Anton fuera de lo que para mí es su papel profesional, explorando otras inquietudes, probando cosas y, en muchas de sus fotos, tratando de sugerir más que de mostrar. Y de estas últimas las que más me han gustado son sin duda unos dípticos que a mí personalmente me han hecho reír bastante. Y con uno de ellos me despido y doy por cerrado el día de hoy, y lo etiqueto como un día fotográficamente provechoso.











