Dice Roland Emmerich (no sé si le he cambiado de sitio la ele; una parte de mi mismo ansía que así fuera) en su última película de destrozos que el mundo acabará en el 2012 como preconizaron los Aztecas.
Que coste que yo no he visto la peli, eh; en mi defensa debo decir que hablo de oídas, de lo que me ha contado Que Sí esta mañana, mientras él fumaba y yo le miraba pensando que si no me sacase la cabeza y mil horas de gimnasio podría romperle el cuello y quitarle el cigarro –en fin–. Y dice el señor Emerich que eso es porque el sol, en su infinita voluptuosidad, iba a ponerse de pronto a emitir neutrinos, toma ya, que iban a freir el núcleo de la tierra cual paquete de palomitas en microondas, alaaa, y todo a hacer puñetas y a componer bellas escenas de cosas rompiéndose.
Ergo: los aztecas, según Emmerich, eran unos tipos que se vestían con trozos de plantas, sí, pero que pese a sus ropajes vegetales eran unos expertos en física subatómica.
Es una tremenda gilipollez, naturalmente, pero en defensa de Emmerich (a cuánta gente defiendo yo hoy, caramba) hay que decir que al menos él no trata de vender la suya como profecía, sino como blockbuster, a diferencia de todos esos personajes que serían graciosos si no fuese por lo patético, que pululan por la internet tomándose en serio esto del fin del mundo divisado por los aztecas, ya en su día. Claro.
Pues no señores, no, lo diré en mayúsculas, NO; lo que sucedió con los aztecas fue que tenían un calendario que, al igual que el nuestro, cerraba por alguna parte (por ejemplo, nuestros años se acaban el 31 de diciembre), solo que en su caso el cierre sucedía muy lejos. Probablemente, piensan entonces los bienpensantes, de exisitir aztecas (ahora que caigo; ¿no eran los mayas? Creo que he dicho mayas todo el tiempo en lugar de aztecas. O sea; al revés), ejem, como decía, mayas, lo único que harían en el 2012 sería resetear el calendario y agarrarse una buena cogorza y montar una fiesta parda (o muy, muy roja si, en serio, fuesen los aztecas, y no los mayas).
Pues tampoco, lo diré en mayúsculas, TAMPOCO: los aztecas… mayas… vallisoletanos… sioux, apelando a su intuición, desatada tras siglos de riqueza cultural, contemplación celeste y consumo de cocaína, hicieron coincidir su cambio de, digamos, hoja del calendario con un acontecimiento efectivamente apocalíptico que intuyeron sin demasiado esfuerzo, como decía pensando, puestos de coca, “qué será, será”.
¿Y qué sería eso? ¿Qué no sería? ¿Qué hago, lo cuento tal cual o le doy emoción? ¿En serio? ¿No prefieres que juegue al nada por aquí, nada por…? ¿¡Qué!?
Vale.
Predijeron los mayas, o quizá los aztecas o la Guardia Civil (no lo recuerdo muy bien): la muerte de los blogs.
Que no es tal, claro, porque en fin, los mayas, bla bla. Aztecas, quizá.
Lo que pasa es que se acabarán los temas, y nadie, en toda la blogosfera, sabrá de qué hablar, a partir de cierto momento de dentro de tres años.
Yo, como soy un adelantado a mi tiempo, como siempre, me quedé ayer sin nada más que decir.
Así que nada; mañana, encañonado a través del espaciotiempo psicotrópico por el dedo índice de un maya (o quizá de un, hum, ¿cuál era la forma no ofensiva de decir esquimales?, bueno, uno de esos) que me contemplará hasta arriba de drogas, a través del espaciotiempo y de las drogas, repetiré mi primer post.
Avisados estáis, y no soy yo, que conste; son los esquimales. O los japoneses. Ah, qué lío.
Coda: tengo otro pensamiento pero es todavía más estúpido que los que ya te ha tocado soportar; veo en imdb que había escrito bien el nombre de Ronald, toma ya, que pensaba que se iba a librar, ja ja, y que el prota, John Cusack, interpreta a un tal Jackson Curtis. O sea, iniciales: J.C. interpreta a J.C. Y pienso yo, excepto pelis en las que salga gente haciendo de sí misma, ¿cuántas películas habrá en las que se de esta coincidencia? ¿Habra forma razonable de mirarlo? ¿Cuánto tardaría la secretaria lesbokarateca de Flash Forward en averiguarlo con su mega-base de datos gubernamental, cuatro segundos?