20.11.09

la friquez de la muchacha


Todos somos friquis de lo nuestro y hay friqueces que se despiertan a edades tempranas. Hace tres minutos, nos cuenta la Muchacha:

-...un profesor que tuve en sexto que me enseñó a hacer comentarios de texto, no os riais, es que a mí siempre me llamaba la atención eso de los comentarios de texto, era lo que yo siempre quería hacer. Y aquel profesor me lo explicó. Todos los niños de la clase le tiraban chicles y demás, pero yo lo escuchaba así, con cara de atención. Y un día le dio un infarto, y se murió. Y de un día para otro dejó de venir...

-Es lo que tiene morirse -la interrumpe Jaimito (le había puesto otro nick pero casi me pega al mencionarlo)-, que ya, volver, volver...

Risas.

Ella se indigna un poco, porque no hay maldad alrededor de esta mesa, y nos cuenta que aquel profesor la había enseñado el Mío Cid, y que cuando se murió le escribió una carta. Una despedida, algo así. Y la carta llegó al claustro de profesores por caminos misteriosos (no sé por qué pienso yo ahora en suegras de facto o algo así), y ella terminó en la ciudad del profesor, Burgos, leyendo la carta en el funeral. Y precisamente Burgos, la tumba del Cid, la del profesor.

-Oye, David, ¿qué estás contando? -me pregunta en este mismo instante ella, ya sí con cara de estar algo mosca (teclear no es muy disimulado que se diga).

-Tus lágrimas por el Mío Cid, qué va a estar contando -responde el tipo al que seguiremos llamando Jaimito por respeto a mis rótulas.

Nos cuenta que ese texto tiene que tenerlo por ahí, que lo buscará a ver. Ojalá lo encuentre.

Y luego me hacen leer esto en voz alta. Y cambiarle el nombre a Jaimito. O sea, del otro a este. Jaimito. Con lo gracioso que era el otro nombre.

19.11.09

epistolando en la secta

Como nuestros líderes son unos flamantes tecnócratas, en la secta disponemos de agua corriente, papel higiénico y correo electrónico. Sólo lo usamos para actividades productivas y necesarias, como por ejemplo, hablar de la cena de navidad. En relación a ese tema se han enviado tres correos hoy, que corto y pego aquí debajo. Se propone al lector detectar cuál es el mío.

Correo #1:

Hola a todos!!!

Hemos pensado hacer una cena de Navidad. Como el mes de diciembre, entre compromisos y vacaciones, es complicado, hemos decidido fijarla para el viernes 15 de enero. Así tenemos tiempo suficiente para planificarnos y reservar un sitio.

Hay un Excel (muy mono él) que se llama Cena_2010.xlsx (...) para los que queráis apuntaros. Sobre el lugar, os iremos informando más adelante.

Os esperamos!!!!

Correo #2:

Perdonad que no haya contestado antes, pero hoy precisamente me he acordado que tenía pendiente el asunto y no quería dejarlo pasar más.

Y digo yo que, podríamos aprovechar y de paso celebrar el solsticio de verano, así que ¿no sería más normal una cena de navidad en Navidad en lugar de en primavera?

Bueno, bromillas a parte, se podría intentar algún día, aunque no fuera viernes o sábado que es verdad que suelen estar más solicitados, para hacerla. Por ejemplo, el 22 (si nos toca la lote la hacemos en el Ritz) o el mismo día 23 que seguramente aquí no se trabajará por la tarde. Más días posibles, el 17, 29 o 30 (estos últimos aunque haya gente de vacaciones, si están por aquí, tendrían posibilidad de apuntarse). Por otro lado, el no ser un viernes o sábado, también resulta más fácil encontrar sitio.

Creo que la cena de Navidad es la cena de Navidad. Guardar las tradiciones, aunque suene a caduco, también tiene su encanto y no está tan mal. Hacer la cena el 15 de enero, sería hacer una cena por hacerla, como la podríamos hacer el 30 de abril o el día que pensemos porque daría un poco igual. Además, no sé vosotros, pero normalmente, después de las fiestas uno acaba un poquito saturado y cansado de tanta comida y tanto sarao. Por ello, tenemos otro motivo más para hacerla antes.

En fin, no quiero alargarme, es mi opinión y mi propuesta. No sé qué dirá el resto de gente.

Correo #3:

No discutáis, no discutáis: como para cualquier cena que se de en el año N existe una navidad del año N+1 (en rigor, el 25 de diciembre del año N+1) y otra del N-1 (en rigor, el 12 de diciembre del N-1), cualquier cena es una cena [pre-navidad](N+1) y [post-navidad](N-1).

La distinción que hace el correo anterior del entorno [Navidad] me parece arbitrario; sugiriendo el 17, como día más temprano, parece indicar que se considera la Navidad la Bola Calendarística Abierta, digamos, de centro el día 25 de diciembre y radio 9 días. ¿Por qué 9 días? ¿Por qué no 8, 80 o 15.426? ¿De dónde sale ese nueve, qué pretende, qué insinúa, qué significa? ¿Acaso que si alguien cumple años ese día debería invitar a la cena?

Así que en lo que a definiciones se refiere yo, para no complicarme la vida con todas esas preguntas desatadas por la arbitrariedad, y ardoroso defensor de la exactitud en cualquier caso y situación (no hay nada que odie más en la vida que el Gato de Schrödinger) me niego a llamar navideña a ninguna cena que no suceda el día 25. Podría parecer algo muy restrictivo, pero si la cena de Nochevieja se retrasa unas cuantas horas, ya contaría, según mi criterio.

En cualquier caso es todavía pronto para que mis poderes adivinatorios funcionen bien; desde que recibí el correo he destripado ya dos docenas de pollos y sus entrañas no me aclaran nada del porvenir, así que no sé si mi novia y yo acudiremos o no, todavía. Según se acerque la fecha, el futuro se muestre menos brumoso y los pollos tiendan a ser más explícitos en lo que profetizan, os diré más que lo que puedo decir ahora, que es que a mí me haría ilusión ir, si los hados se muestran propensos, a cualquier cena pre-navidad o post-navidad.

Además el 15 de enero parece un buen día; así celebramos el 2596 aniversario del comienzo del sitio de Jerusalén por Nabucodonosor II.

A la treceava persona que acierte, gracias a un convenio firmado con ciertos simpáticos somalíes, le regalaré un pesquero gallego de bandera surcoreana.

18.11.09

crítica de cine: la peli esa del mando a distancia

Es hora de rendirse: Me hago un blog, vale. Seré uno más de los millones de insignificantes personajes que van por ahí contando las memeces de su vida diaria y las tonterías que se les pasan por la cabeza (rectificando verbos: las memeces de nuestra vida diaria, las tonterías que se nos pasan por la cabeza). Total, si me gusta escribir y perder el tiempo un rato es casi inevitable. Pero había argumentos para no hacerme un blog, entendedme. Buscad un blog al azar...

Nah, era broma. Pensaba copiar la primera entrada, en serio, porque me parecía una cosa lo suficientemente estúpida para hacerlo, pero eso fue ayer, y hoy es hoy. Y para diferenciar el paso de los días que no son jueves, que se diferencian solos, hay que condenarlos al giro repentino. Así que hoy voy a hacer una crítica cinematográfica.

Hace poco, o quizá no tan poco, depende de cómo definamos poco, en fin, hace un tiempo que mejor no definiré vi una película absurda en la que un tipo, uno de esos famosetes yanquis que, no sé, deben ser los Buenafuentes o Grandes Wyomings de allí (¿Los Goodfountain, Big Albacete, quizá?), que por lo visto pueden hacer cualquier gilipollez y llenar los cines con su careto, lo que al menos en la primera mitad del asunto, la de la gilipollez, era absolutamente riguroso.

En la película un tipo que por lo visto era muy cachondo y muy majete encontraba a un viejo loco, mitad Dios y mitad el profesor de Regreso al Futuro, que le daba un mando a distancia con el que el prota podía manejar el tiempo a su antojo. ¿De dónde sale el viejo, de dónde sale el mando, por qué nunca se le gasta la pila? Tamañas preguntas requerirían una pensada tan ingente que los guionistas decidieron ignorarlas y dedicarse a escenas absurdas como que va el tipo con el coche y ralentiza el tiempo para ver balancearse los grandes pechos de una mujer footingante, o para paralizarlo y poder, así, abofetear a su jefe en mitad de una reunión o, en el colmo del delirio guionístico, soltarle un cuesco en los morros.

Me preguntaba yo cómo puede moverse con el universo detenido, el prota, sin alcanzar una masa infinita y cosas por el estilo. Pero pensar eso es iniciar de nuevo la peligrosa senda del tener que pensar, así que me abstuve, por ejemplo, de preguntarme por qué narices el protagonista no aprovechaba para convertirse en el ladrón de bancos perfecto, o en un jugador de póquer inbatible, o en el campeón mundial de los 400 metros lisos que, para más recochineo, ni siquiera necesita entrenar. O coño, ¡en un puto superheroe! Pero no: el protagonista de la película se limita a hacer el gilipollas y a comportarse como un idiota hasta que en su lecho de muerte comprende que ha sido un gilipollas y un idiota, y entonces se redime un poquito en una emotiva escena final, con la familia alrededor y él muriéndose de viejo en un charco.

Palma, y lo único bueno que podría haber tenido la peli, que el tío haya sido un imbécil toda su vida y palme, es mentira; aparece de nuevo el tipo que es mitad Dios mitad inventor loco, y le dice que no, que era coña, que ahora ya si eso venga, desde el principio. Y él sonríe y toda su familia está ahí y se asume que todos van a vivir ahora en serio tremendamente felices.

Vi la peli porque no sabía dónde estaba el mando y estaba yo a lo mío, procesando fotos (es decir, que la vi mientras la barrita de progresos del software completaba su tarea, y el resto del tiempo la oí, mayormente). Es decir, que no malgasté mi vida, porque estaba haciendo otra cosa, en realidad, e igual podría haber tenido la tele apagada. Pero la tuve encendida, y fue cojonudo. Porque mientras apagaba el ordenador y buscaba el mando de la tele pensé que por el careto del tipo ese un montón de gente habría malgastado dos malditas horas de vida viendo esa basura en un cine, mientras que yo no, me escapé, no perdí nada. Y como una visión ante mí se aparecieron los caretos de la gente que, atrapada en salas a oscuras, se retorcían en sus asientos sintiendo que esas dos horas de su vida jamás les serían devueltas y que ojalá hubiesen visto esa peli en casa, sin hacerla más caso del que merece, o sea, ni puto, y me sentí muy bien. En parte, porque había realizado un acto de justicia. Y sobre todo, en parte, porque atrás en el tiempo y lejos en el espacio hubo gente que, sin atreverse a huir de la sala del cine, sin creer lo horrible que era lo que y en fin, que me envidiaban y lamento inconexión pero teléfono y de pronto Muchacha aparece y nos tenemos que ir de cañas así que por hoy basta.

La semana que viene, criticaré para la posteridad, que los dioses paganos me perdonen, Delta Force, de Chuck.

Vayan agarrándose las partes débiles y concertando la fecha de mi funeral.

Coda: y lo peor es que encima recuerdo bien el nombre del miserable actor. Y por tanto, con tres clicks de ratón, el de la peli. No la cito porque ni lo merece. Pero ahí está el link. ¡Mierda, ya la cité!

17.11.09

la profecía (¿)azteca(?)

Dice Roland Emmerich (no sé si le he cambiado de sitio la ele; una parte de mi mismo ansía que así fuera) en su última película de destrozos que el mundo acabará en el 2012 como preconizaron los Aztecas.

Que coste que yo no he visto la peli, eh; en mi defensa debo decir que hablo de oídas, de lo que me ha contado Que Sí esta mañana, mientras él fumaba y yo le miraba pensando que si no me sacase la cabeza y mil horas de gimnasio podría romperle el cuello y quitarle el cigarro –en fin–. Y dice el señor Emerich que eso es porque el sol, en su infinita voluptuosidad, iba a ponerse de pronto a emitir neutrinos, toma ya, que iban a freir el núcleo de la tierra cual paquete de palomitas en microondas, alaaa, y todo a hacer puñetas y a componer bellas escenas de cosas rompiéndose.

Ergo: los aztecas, según Emmerich, eran unos tipos que se vestían con trozos de plantas, sí, pero que pese a sus ropajes vegetales eran unos expertos en física subatómica.

Es una tremenda gilipollez, naturalmente, pero en defensa de Emmerich (a cuánta gente defiendo yo hoy, caramba) hay que decir que al menos él no trata de vender la suya como profecía, sino como blockbuster, a diferencia de todos esos personajes que serían graciosos si no fuese por lo patético, que pululan por la internet tomándose en serio esto del fin del mundo divisado por los aztecas, ya en su día. Claro.

Pues no señores, no, lo diré en mayúsculas, NO; lo que sucedió con los aztecas fue que tenían un calendario que, al igual que el nuestro, cerraba por alguna parte (por ejemplo, nuestros años se acaban el 31 de diciembre), solo que en su caso el cierre sucedía muy lejos. Probablemente, piensan entonces los bienpensantes, de exisitir aztecas (ahora que caigo; ¿no eran los mayas? Creo que he dicho mayas todo el tiempo en lugar de aztecas. O sea; al revés), ejem, como decía, mayas, lo único que harían en el 2012 sería resetear el calendario y agarrarse una buena cogorza y montar una fiesta parda (o muy, muy roja si, en serio, fuesen los aztecas, y no los mayas).

Pues tampoco, lo diré en mayúsculas, TAMPOCO: los aztecasmayasvallisoletanos… sioux, apelando a su intuición, desatada tras siglos de riqueza cultural, contemplación celeste y consumo de cocaína, hicieron coincidir su cambio de, digamos, hoja del calendario con un acontecimiento efectivamente apocalíptico que intuyeron sin demasiado esfuerzo, como decía pensando, puestos de coca, “qué será, será”.

¿Y qué sería eso? ¿Qué no sería? ¿Qué hago, lo cuento tal cual o le doy emoción? ¿En serio? ¿No prefieres que juegue al nada por aquí, nada por…? ¿¡Qué!?

Vale.

Predijeron los mayas, o quizá los aztecas o la Guardia Civil (no lo recuerdo muy bien): la muerte de los blogs.

Que no es tal, claro, porque en fin, los mayas, bla bla. Aztecas, quizá.

Lo que pasa es que se acabarán los temas, y nadie, en toda la blogosfera, sabrá de qué hablar, a partir de cierto momento de dentro de tres años.

Yo, como soy un adelantado a mi tiempo, como siempre, me quedé ayer sin nada más que decir.

Así que nada; mañana, encañonado a través del espaciotiempo psicotrópico por el dedo índice de un maya (o quizá de un, hum, ¿cuál era la forma no ofensiva de decir esquimales?, bueno, uno de esos) que me contemplará hasta arriba de drogas, a través del espaciotiempo y de las drogas, repetiré mi primer post.

Avisados estáis, y no soy yo, que conste; son los esquimales. O los japoneses. Ah, qué lío.

 

 

Coda: tengo otro pensamiento pero es todavía más estúpido que los que ya te ha tocado soportar; veo en imdb que había escrito bien el nombre de Ronald, toma ya, que pensaba que se iba a librar, ja ja, y que el prota, John Cusack, interpreta a un tal Jackson Curtis. O sea, iniciales: J.C. interpreta a J.C. Y pienso yo, excepto pelis en las que salga gente haciendo de sí misma, ¿cuántas películas habrá en las que se de esta coincidencia? ¿Habra forma razonable de mirarlo? ¿Cuánto tardaría la secretaria lesbokarateca de Flash Forward en averiguarlo con su mega-base de datos gubernamental, cuatro segundos?

14.11.09

perkele!

Perkele, ravintola y suomi son las tres palabras que, sin pensar más (aurinko, kuu, por ejemplo, porque uno se pone, se pone, y salir salen), me sé en finlandés, y ayer tuve la oportunidad de gritarla lo más fuerte que puede.

Era la pausa pre-bises del concierto de Finntroll y ya nos dolían las piernas, de los brincos, y las manos, de las palmas. Hacía siglos que yo no estaba así no ya antes de los bises, sino después del concierto.

Y Finntroll es un grupo genial se mire por donde se mire, que va a hacer que yo recuerde este año, el 2009, en lo musical, como el año en que por primera vez vi a Dream Theater y a Finntroll.

Y en fin, yo dejo el link a una canción suya, porque estas cosas hay que dejarlas, aunque, advierto: lo que hacen, en parte, podríiiaaa llamarse black metal...



...aunque cualquier purista del black metal dirá que ni de coña.

Pero precisamente ahí reside parte de la gracia de Finntroll; que de coña, cualquier cosa, porque si Finntroll son algo, son una coña escandalosa y melenuda.

Por afán de completitud y por poner un ejemplo de la coña citada, la otra mitad de su estilo sería la humppa, que es una especie de polka acelerada típica de Finlandia.

Y eso son Finntroll, un grupo finlandés que canta en sueco, toca un estilo musical que es mezcla de polka y black metal, y hablan de la gloria de la raza troll y de sus visicitudes a la hora de relacionarse con la Horda Cristiana, que dicen ellos. Entendiendo relacionarse como, como dijo ayer el cantante, cosas como comer carne humana.

Si tuviese que hacer una lista de los conciertos más divertidos en los que he estado supongo que tendría que incluir a Les Luthiers, que aunque no sean exactamente concierto tocan y, definitivamente, son divertidos, a The Strait Jackets, y en el primer escalón del podio a Finntroll. Porque son una de mis bandas favoritas, porque no tienen reparos en pintarrajearse y hacer el idiota para rodar un videoclip, y por esa capacidad que no deja de ser fabulosa de llenar la Sala Caracol de Madrid de madrileños que corean canciones en sueco y no paran de bailar y dar saltos durante todo el concierto porque no se puede. Porque la música tiene su raíz de black metal, sí, y eso es, digamos, poco bailable, sí. Pero qué se le va a hacer si la humppa es simplemente irresistible.

13.11.09

la devaluación del cielo

¿Y qué coño hago yo ahora, me pongo otra vez a hablar de la Conferencia Episcopal y sus cosillas?

¡Uuuh, no votes a favor de la ley del aborto, uuuh, que te excomulgo!

Pues eso, que yo sepa, es delito. ¿Cómo se llama, prevaricación, cohecho, alguna de esas cosas que se oyen tanto ahora alrededor del apellido Camps, el que teme amanecer muerto en una zanja probablemente sucia, horreur por el traje? En fin, que sí, claro, yo aquí sin tener ni puñetera idea de cómo apostatar, ¿y los políticos tienen así de fácil ser excomulgados? Que ya, ya sé que no es lo mismo, pero eh, es más de lo que tengo yo, y eso que me hincho a mencionar el nombre de Dios en vano y a mirar a las mujeres de los vecinos, por ejemplo anoche me crucé con Teresa, la vecina de debajo del Palacete, y claro que la miré, no te jode, si le parece al redactor bíblico me comporto como un autista.

Es que ya me siento muy plasta hablando de estas cosas, la verdad.

Pero claro, que más plastas son ellos.

Y francamente, sospecho que algo se me escapa. Que yo sepa, cuando se discutió esa cosa del libre albedrío frente a la todopoderosidad de Dios, se concluyó, para disculpar a Dios por ejemplo de las hazañas de los asesinos, que Dios nos daba libre albedrío para que fuéramos libres de actuar bien o mal (entendiendo “bien” y “mal” desde el paradigma cristiano), y así cada cual se ganara por sus própios méritos o faltas el cielo o el infierno. ¿Entonces qué gracia tiene que se intente prohibir lo que resta puntos? Es como si la Conferencia Episcocal se pusiese a manifestarse por la existencia del 0 en las ruletas de los casinos, es una forma la mar de extraña de adulterar la salvación. Porque si lo que pretenden es la salvación masiva, o que todos nos portemos “bien”, ¿tendrá el mismo mérito que alguien no aborte porque opina que una nuez es un roble que quien no lo haga porque sea ilegal y no quiera ir a la cárcel?

En fin. Propone Vero una lista de peticiones suyas para la Iglesia Católica, pese a que ya le he dicho yo que la forma de pedirle cosas a la Iglesia no es esa (el canal designado, un tanto rocambolesco, será, supongo, rezar, y que ya Dios se ocupe de la mensajería, hablando con Ratzinger, por ejemplo), como por ejemplo que la registren como hereje oficial y como tal aparezca en las listas de gente que maneja la Iglesia, y que se arrejunten los herejes. Yo no, porque no me considero hereje, porque siendo ateo supongo que infiel y blasfemo serían términos más adecuado, pero de todas formas, como es gratis, propongo también una serie de medidas al respecto:

1.       Entrar en una Iglesia y escupir en la pila del agua bendita.

2.       Entrar en un confesionario y confesar. A la hora de escuchar la respuesta del cura, evaluarla y si no nos convence, expresarlo y anunciar la renuncia al club.

3.       Quemar una biblia. No puede ser comprada; no queremos que ningún mercader gane pasta con la religión, no sea que luego el pobre vaya al infierno.

4.       Predicar con el ejemplo e ignorar a esa gente que, a fin de cuentas, no tiene la culpa de decir tonterías, pues como ya conté hace siglos partiendo de una hipótesis falsa se puede llegar a decir toda clase de estupideces.

Personalmente me atendré a la 4ª porque me da pereza ir a una Iglesia y porque no tengo ninguna biblia. Pero si alguien hace alguna de las tres primeras, que sepa que desde aquí tiene mi blasfemo aplauso.

12.11.09

¿barcelona? una mieeerda al lado de madrid

Más o menos esa frase resume el sentir de la expedición a Barna del fin de semana pasado, de la que todavía me estoy reponiendo, como pudo escuchar, gracias a los gritos, todo catalán que pasase a menos de cuarenta metros de nostros.

Yo no estaba del todo de acuerdo, porque en fin, el barrio gótico mola, aunque la gente no vaya con cadenas y de cuero, y el de Gracia, y los bares tienen la curiosa costumbre de estar bien, no atestados, ser bonitos y encima poner música estupenda, a veces rozando la genialidad y hundiéndonos en la miseria a quienes vamos por la vida pensando que debemos ser los únicos a este lado del Atlántico que escuchan a Rodrigo y Gabriela. Las grúas de la Sagrada Familia son ya algo que forma parte del imaginario colectivo, así como el Parque Güell, con sus flamantes y espectaculares remolinos de polvo y sus marabuntas de gente que parecían ocultar algo.

Como digo, no estaba del todo de acuerdo. Pese a esa desconcertante manía de llamar a todos los sitios por sus nombres, tan raros ellos, pese al tormento que le supone eso a la pobre gente que va por la vida desorientada y con tendencia a perderse todo el rato, y ojo, no lo digo porque yo sea uno de esos, es que soy solidario con un colectivo del que formo parte, eh. Pese a que, como apuntó cierta persona, tengan el metro mal, con los números y los colores cambiados, con la confusión que eso genera en quienes ya tenemos la decente costumbre de que la línea 1 sea azul, la 2 roja, la 3 amarilla, etcétera.

Nótese que “estaba” es pasado. Mi opinión cambió cuando cenamos el sábado en un lugar donde los camareros usaban flamante tecnología para apuntar los pedidos. Flamantísima, pero si el camarero es un lerdo que omite dos platos de lo que le hemos pedido hay que indignarse en solidaridad con toda esa gente que va por la vida con hambre y que cuando pide comida lo hace con la ilusión de que se la traigan. Y de nuevo, ojo, no lo digo porque yo sea uno de esos, es que soy solidario con un colectivo del que formo parte, eh.

Y me puse de muy mala hostia.

Me alegró un poco, provisionalmente, un bar cuyo techo era un escenario en el que sucedía, boca abajo, un concierto de reagge, boca abajo, y con todo detalle, desde las rastas del cantante hasta la botellita de agua del batería o la toalla del bajista, o las chuletas de los músicos con el setlist.

Mirábamos al techo y pensábamos “uau, eso sí que es un techo”. Pero era un suelo, en realidad, solo que boca abajo. Lo que nos convertía a nosotros, ubicados en el suelo, en su techo. Y claro, nos preocupamos un poco, ¿seremos el techo ornamentado de un concierto de reagge, donde un grupo de gente toma copas en un bar boca abajo?

Pero el cabreo seguía ahí latente, y encima me dio un hipo que la hermana de nuestro anfitrión, que es un polaco caluroso, inmenso y simpático (no nuestro anfitrión, ojo: su hermana es el polaco. La gente, por lo visto, transmuta géneros, formas y nacionalidades, de vez en cuando, por allí. Supongo que será la influencia francesa), tomó como producto del alcohol. Que no que no, oiga, señor polaco, que simplemente era hipo, un hipo vulgar, sin otra razón que el hambre inenarrable que me atenazaba las entrañas.

Pero al día siguiente Jaimito me llevó con una amiga suya a comer a un lugar estupendo, donde los camareros y cocineros, brasileños, se descojonaban de la políglota amiga de Jaimito porque esta se empeñaba en hablarles imitando el portugués de Portugal (confesó después que con los portugueses hace lo contrario, se pone brasileira). Riquísima comida allí por 10 pavos el menú. Y Jaimito tuvo la cortesía de dejarse la mitad de su plato de pato, o pato de plato, y apartarse e insinuar que sería un crimen dejarlo a medias. Dos segundos tardé en comérmelo, yo creo que hasta dejé un mordisco grabado en la mesa.

Pero en fin, al margen de los cabreos culinarios y de la confusión de las líneas del metro Barcelona me ha gustado más esta vez. Por lo menos la he visto.

Así que ahora me siento un poco mal, porque la he hecho una cantidad considerable de fotos, en las que sale tan fea y tan sucia como saco siempre a Madrid.

Así que que me perdonen los barceloneses y que me perdone Barcelona. Qué culpa tengo yo, si mi estilo es la mugre.

6.11.09

vámonos a barcelona

Barcelona es un sitio que a priori me encanta, porque empieza por las mismas tres letras que uno de mis lugares favoritos: el bar. Adoro los bares. Me encantan los bares. Sobre todo si son baratos y no te ponen garrafón y la camarería es simpática y ponen tapas y la música o está bajita o no es atroz, y tienen futbolín y papel en el baño de los tíos (no es que suela requerirlo, pero tranquiliza saber que está ahí) y muchas mujeres guapas para que Jaimito no se ponga a maldecirnos por llevarle a bares sin chavalas.

Y en cuatro horitas y pico, me voy a Barcelona, a esto, concretamente.

Voy a eso, a ver el derby madrileño con perspectiva, a hacer fotos y a cobrarme la deuda histórica que Barcelona tiene conmigo. Ah, cómo, ¿qué Barcelona tiene una deuda histórica conmigo? ¿No lo sabías? Pues cómo ibas a saberlo, si no está consignado en ningún rincón de este ancho y sobre todo profundo bloj. Remediemos eso.

Mi primer recuerdo de Barcelona es el del fondo borroso de esta foto (dale dale, sin miedo, que es una foto simpática) que me tomaron mis padres cuando yo tenía no recuerdo cuantos años, pero debían ser pocos, por la ausencia de barba o perilla. Fui tan pequeño que lo único que se me quedó en la cabeza fue que aquello era más o menos como Leganés, solo que molestamente distinto.

El segundo, más o menos tangencial, es cómo ignoré los juegos olímpicos que allí sucedieron. Justo acababa de comprarme mi primera casette de Iron Maiden, y me pasé todas las olimpiadas concentradísimo con ella.

Y el primero y medio serían Freddy Mercury chillando “Barselonaaa” con la cantante aquella gorda y simpática.

Luego pasé por allí una noche, volviendo de aquel festival en Alemania. Para ponernos en situación, el festival había durado días, la última noche no habíamos dormido, y llevaba 48 horas en aquel autobús infernal. Y al llegar a Barcelona me quedé sin sitio en el último autobús que salía un día a Madrid, y tuve que comprar billete en el primero de la mañana siguiente. Y era agosto, hacía un calor pegajoso infernal y no encontré ni hostal ni cuarto libre por ninguna parte. Me di a la desesperación, y luego me puse muy estoico y muy contento, consigné mi por aquel entonces ya apestoso equipaje en una taquilla y me dediqué a vagar por las calles. Fue muy cinematográfico durante el tiempo que esos sitios favoritos míos, los bares, estuvieron abiertos, y mientras conseguí no perderme mucho, lo que pasó como el 2% del tiempo, porque que me pierdo todo el rato sí que lo he contado ya infinitas veces.

Encontré, claro, la catedral esa que parece hecha con pegotes de barro (y que conste que eso no es peyorativo: a mí me encanta el barro), porque era grandota y sobresalía y se veía de lejos, delante de la cual vi amanecer, y deambulé por ahí, fui perseguido un rato por un tipo que no sé qué pretendería, porque le di esquinazo, y confirmé que quienes dicen que las putas son grandes habladoras o las pagan o mienten como bellacos. Intenté también llegar al puerto, pero entendí que era imposible si pretendía saber volver a la estación.

Terminé en la puerta de la estación de autobús, repasando para no dormirme las tablas de multiplicar del 11 al 20 (en plan, 15 x 14 = 210, 15 x 15 = 225, 15 x 16 = 240, etc). Y al final casi ligué y todo, con una chavala muy maja que se llamaba Remi. No cuajó por absurdeces, pensé entonces, y porque no era la Muchacha, pienso ahora.

Cuando llegué a Madrid una amiga se apiadó de mí y fue a buscarme. Desastrado, después de cuatro noches sin dormir, con la pinta de náufrago que coge uno después de un festival largo sin cuchillas de afeitar en el que encima hace más sol que en Almería, me vio la cara y me dijo que no me había visto mejor en toda mi vida.

Fue una de las noches más surrealistas y más estupendas de mi vida hasta aquel entonces, aquella.

Pero de todas formas Barcelona me sigue debiendo una visita turística y un pase fotográfico.

Ea, hasta el lunes.

5.11.09

estadistiquismo

Se me acumulan los temas: desde esta mañana cuando al abrir el 20 Minutos me he encontrado una mención estadística digna de aplauso hasta el correo que me ha reenviado un buen amigo sobre una buena iniciativa en mi opinión mal expresada (odio los imperativos), todo lo que pasaba ante mis somnolientos ojazos era un tema para, eh, um (la hora de la verdad, ¿cómo llamo a esto?), una epístola, toma ya. Epístolas, pienso llamarle a esto de los posts. Poststs. Postststs. Vale, ya paro. Tstststs. Vaaale.

Leo la RAE y epístola se queda, por la 4ª entrada: “Composición poética en que el autor se dirige o finge dirigirse a una persona real o imaginaria, y cuyo fin suele ser moralizar, instruir o satirizar”

Pues eso. Yo finjo, me dirijo a entes imaginarios y reales, y moralizo, instruyo y satirizo, de sátiro, y poético, sin duda, soy, oh campos de Castilla, mustios collados, etcétera.

A lo que iba: ante la acumulación de temas mencionaré el primero y el último, el que ha dado al traste con todos los demás, y me dejo los otros para otros días de mayor lucided. Mental. No me refiero a que haya menos nubes, necesariamente.

Así que: esta mañana el 20 Minutos incluía un bello reportaje sobre redes sociales. Hablaba de Feisbú, de Twitter, de Tuenti y de la suya propia, Nettby, de la que siempre hacen una publicidad absurda y que ¡qué cosas pasan!, es la que sale mejor parada de su peculiar comparativa.

El caso es que hablando de las edades de sus usuarios, de una de ellas dicen: “La media de edad de sus usuarios se sitúa en 24 años, pero  la mitad de los registrados en los últimos 45 días se sitúan por encima de esa media”.

Yo lo leí en el metro y tuve que parpadear y releer varias veces, así: parpadeo, relectura, parpadeo, relectura, parpadeo, relectura, etcétera.

¡Y es brillante!

A primera vista parece que la autora del reportaje ha dicho una soberana estupidez, pues si la mitad tienen más de la media, la otra mitad, evidentemente, tienen menos, y las medias es lo que tienen, que andan por el medio, así que el parrafito parece una tontería como un piano de cola. Para el profano, al menos. De hecho he hecho de hecho un estudio de campo consultando a las ochocientas veintitrés personas que compartían conmigo dos metros cuadrados de vagón de, valga la redundancia, metro, y todos ellos así lo han visto salvo una oportuna licenciada en Estadística (que vienen a ser unas matemáticas de segunda división, sin glamour ni espectáculo), que me ha visto venir (para no verme, si estaba al lado) y me ha dicho “veo por dónde vas, pero lo que está haciendo ese párrafo es diferenciar, implícitamente, entre la media geométrica y la mediana de una distribución.

Después de pedir permiso a doce personas para que me hiciesen hueco para operar la he dedicado un aplauso y la he regalado un sugus rancio que alguien llevaba pegado a sus posaderas. Porque en efecto el párrafo en sí no es una tontería, sólo algo nada llamativo y bastante probable, pero no incorrecto. A no ser, claro, que la redactora no sepa qué es una media ni una moda, ni tenga ni idea de estadística, y haya metido la pata hasta el fondo a la hora de enmascarar un publirreportaje sobre la maldita Nettby de las narices.

Y el otro caso, el que ha puesto fin a la sucesión de cosas epistolables (ya le he cogido el gusto a esto, que tiene la ventaja adicional de no haber sido propuesta, creo, y por lo tanto no requiere que recuerde qué variantes se propusieron, tarea siempre peligrosa, porque siempre que intento recordar alguien termino cantando Hunting Humans de los Misfits o algo por el estilo): he iniciado la crispación del derby (cuando sea superpoderoso, también la tomaré con esa palabra) madrileño, escupiéndole esta mañana a Que No, atlético de pro. En mitad de la espalda, zzzup. Creo que es la primera vez que escupo a un atlético, por cierto. Y diría que ha sido sin querer, pero viendo la gracia que me ha hecho sospecho que eso es una mentira que cuenta mi parte cobardica a mi resto de yo, que decide no creerse la excusa. En plena espalda, plaf.

Y ha sido divertido.

Y con el rigor estadístico, lo consigno. Epistolado queda.

4.11.09

una planta menos

Bien visto no sé cómo demonios se las han ingeniado las plantas para sobrevivir hasta hoy. Quiero decir, desde un punto de vista evolutivo un ser que no tiene patas para correr o ir a buscar comida o apartarse del fuego, ni sentidos para ver cómo va la vida alrededor, no parece muy bien dotada.

Si estuviésemos al principio de la vida y estuviesen saliendo las plantas yo, francamente, no apostaría un duro por ellas.

Claro que entonces no había duros. Había doblones, piezas de a ocho, sextercios y esas cosas.

En fin: la semana pasada terminó trágicamente.

O con tragedia. Trágicamente terminó para mi pobre aloe barbadensis, vulgo aloe vera, que ya sé que no hace falta ponerlo porque aquí lo sabemos todo sin mirar la Wikipedia ni nada, pero bueno, a lo que iba. Que no fue precisamente el mejor día de la vida de mi plantita. Porque yo, que parezco tan ogro y doy tanto miedo y escribo sistemáticamente cuentos donde necesariamente tienen que morir niños de disparos en el cráneo (es mi época, oye. ¿No tuvo Picasso la suya azul? Pues yo tengo la de los tiros en las cabezas de niños), tenía una plantita, que me hacía sentirme un poco más humano. Un poco más “vaya mierda de ser vivo que eres tú, cosa verde”, que sube mucho la autoestima.

La verdad es que con el transcurso de los (dos) años, mi aloe se ganó mi respeto. Demostró una notable capacidad para sobrevivir a oscuras y sin agua, la jodida plantita. Y bueno, fue el único ser vivo que me hacía compañía en aquellos tiempos en los que yo vivía pared con pared con una bruja piruja. Y luego demostró un considerable buen gusto al ajustar su balance de blancos y volverse verdísima cuando Juanito se vino a vivir con moi y la sacamos a la luz. Tenía sus cosillas, como eso de crecer de manera cubista, ¿pero quién no las tiene? Jamás protestó por nada, a diferencia mía, por ejemplo, que me paso la vida quejándome por todo. En ese sentido, ayudaba a equilibrar la balanca, a tirar de la media de la cordura del universo fuera de la zona roja. Poco, pero con entusiasmo y de manera irreprochable, porque no se le puede exigir gran cosa a una plantita de mierda.

Y el domingo volví a casa y me encontré ahí la tragedia vegetal delante de los morros: la maceta estaba vacía, en su estante. Y metro y pico por debajo, espanzurrada en el suelo, estaba mi aloe vera. Se había suicidado. A mí se me escapó una lagrimita y todo mientras la recogía, acariciaba por última vez sus desagradables y deformes hojas y la tiraba al cubo de la basura.