7.10.09

La ciencia española no necesita tijeras


Hoy toca alzar la pancarta manifestante blogueril y escribir unas palabritas en contra de los recortes presupuestarios con los que este país nuestro y quienes alegremente lo gobiernan (ver la escena del “¡más madera!” de los hermanos Marx, para metáfora completa) pretenden terminar de estrangular la ciencia.

Cuando leí sobre esa iniciativa pensé ¡qué bonito, escribir sobre algo útil para variar!

Luego pensé que yo soy matemático y que qué pinto yo hablando de recortes presupuestarios, si como bien decía Richard Feynman en sus descacharrantes memorias a los físicos teóricos y a nosotros los matemáticos nos vale con una pizarra y tiza para ponernos con lo nuestro.

Luego pensé que bueno, vale, sí, pero también no. A fin de cuentas usamos ordenadores, y en invierno en las universidades está bien que haya calefacción. Y tampoco estaría mal que alguien me asignase unos cuantos millones de euros y un billete de avión a Las Vegas para hacer un estudio de campo sobre teoría de juegos.

Hablando en serio, la utilidad de la ciencia está más allá de toda duda, a no ser que uno sea un cabestro que no piense cómo funciona su teléfono móvil, cómo diablos hace su wifi para dejarle bajarse los capítulos de Hostal Royal Manzanares que pretende ver sin liarse con el porno que se está bajando por la suya el vecino de arriba, cómo el microondas consigue calentar la comida en cuestión de segundos o cómo su reproductor mp3 reproduce música. Entonces, pienso yo, los recortes de los gastos en ciencia no son otra cosa que uno de los indicadores más claros de que a nuestros gobernantes marxistas (por lo del “¡más madera!”, no por la pegatina de la S del PSOE) les importa un pimiento nada que no sea el corto plazo, el mantener su butaca, el que les cuadren las cuentas. Cuando se recortan gastos de protección civil en el monte se sabe que se está invocando el incendio. Cuando se recorta en sanidad, todo el mundo tiene claro que tendrá problemas cuando tenga que ir a un hospital (sobre todo si como yo vive en Madrid). Pero cuando se recorta en ciencia se invocan las montañas de dinero que requiere, por ejemplo, el Large Hadron Collider, y se queda todo el mundo tan pancho pensando que qué diablos nos importará andar hurgando en el funcionamiento de esas particulitas tan pequeñas que el ciudadano corriente desconoce y, por tanto, puede verse llamado a pensar que le importan un carajo en su vida.

Estas cosas siempre se ven en perspectiva, siempre resultan útiles a largo plazo. Por eso lo suyo quizá sería mirar atrás:

¿Qué habría pasado si cuando se empezó a hurgar en mecánica cuántica se hubiera dicho que a qué diablos venía todo aquello, con lo raro que es, y las escalas tan ínfimas en las que se investiga? Pues sin aquello, por ejemplo, no tendríamos ordenadores, porque los transistores son una consecuencia de los descubrimientos en física cuántica.

¿Qué habría pasado si cuando se empezó a volar al espacio se hubiera dicho que a cuento de qué gastar tamañas montañas de pasta en combustibles e infraestructuras que, recordemos, salieron adelante porque había de por medio una guerra fría? Pues que no tendríamos satélites para predecir el tiempo, para ver la tele o para hablar por teléfono.

En resumen, cortar gastos en ciencia e investigación es instalarse en la autocontemplación de nuestros ombligos, ciegos al futuro. Bastante mal tenemos ya la investigación en este país, donde cualquiera que valga, en su campo científico, sabe que debe irse al extranjero para poder trabajar, como para apañarlo recortándoles todavía más las posibilidades.

Pero en fin, aquí queda esta pataleta. Y en manos de nuestros políticos el decidir si quieren que vivamos en un estado avanzado y moderno, o que seamos un país de camareros y taxistas, de labradores y de políticos, si quieren que las cosas vuelvan a la escala de los años 60 entre nosotros y el primer mundo.

Yo preferiría lo primero. Pero conociéndoles casi dan ganas de montar una ONG de defensa del científico e ir extraditándoles a donde puedan ser útiles y trabajar, y aunque sea por otro lado intentar que este mundo sea un poco mejor, que encontremos curas contra el cáncer, remedios al cambio climático, que logremos plantar bases en otros cuerpos celestes, que vivamos más y mejor, que podamos preveer cuál será y hacer algo con el siguiente pedrusco gigante que vuela por el espacio en ruta de colisión con la tierra. Siempre podremos verlos por la tele dentro de veinte o treinta años en Españoles por el Mundo, y reírnos de sus acentos, y quizá entonces ya seamos tan imbéciles de preguntarnos para qué coño se irían, si como en España no se come en ninguna parte.

6 comentarios:

  1. ¡Chapeau!

    Un gran posto. Y ademas útil...
    No crea que pueda pedirse más. :-P

    Abrazote,
    J.

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  2. Muy bien. Y las últimas frases, muy graciosas.

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  3. Mire que no me gusta estar de acuerdo con Usted (nos va la polémica sana, ya sabe)... pero en este caso, no me queda más remedio.

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  4. Son todos ustedes muy amables.

    ¿Lo serán tanto como para contribuir a esa recaudación para el estudio de campo sobre la Teoría de Juegos?

    ¡En breve lo veremos, mi escopeta recortada y yo!

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  5. Difícil de acertar a una microalga. Pero no utilice balas de cobre: nos son tóxicas. Apelo al tratado de Tokio, porque la Convención de Ginebra no nos ampara.

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  6. Hombre, pues yo me alegro de estar de acuerdo.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.