6.11.08

duelo en el ok corral

Hoy toca entrada doble porque la Legendaria y yo nos apostamos una botella de ron a ver cuál de los dos escribía el cuento más angustioso para el miércoles pasado. No es que seamos unos intensos, que también (sobre todo ella, ¡¡¡eeella!!!, que es poeta), es que era el tema del taller, la Angustia, el Angst ese de los germanos. Como se empeña en no reconocer mi victoria hemos decidido someter el asunto al populacho; postear los dos cuentos y que en las respuestas se vote por uno o por otro. Así que este es el mío, y luego pongo el link al suyo. Los votos, dándole a responder aquí debajo y manifestándolo. Mi cuentito, sutil, delicado y buenísimo (me limito a ser objetivo) se llamaba "Madre". Y es este.

edit: El link al cuento de la Legendaria.
edit 2: resulta que al final no éramos 2 concursantes, sino 3, duelo al más puro estilo la buena, el feo y la mala. El otro link es este.



Madre



«A mother she never had... a daughter she never was. (…)
I didn't know why a Replicant would collect photos.
Maybe they were like Rachael. They needed memories.»

–Rick Deckard, Blade Runner (Ridley Scott, 1982)


Sólo cuando termina de dar el último brochazo —Titanlux verde mate 2.004/42IIA: relajante, inspirador y tranquilo— a la pared del cuarto se concede un respiro mientras mira satisfecha ese muro perfectamente pintado que representa la culminación de todos los preparativos. Ha sido una tarea titánica, una eternidad de enviar y recibir correos certificados y burofaxes a las empresas de pintura indagando sobre la composición de sus productos y su comportamiento ante las luces artificiales y naturales, y de cruzar mientras tanto esas informaciones con las del laboratorio que, por sumas increíbles de dinero, había elaborado los estudios de toxicidad de sus componentes químicos. Han sido meses de recopilación y archivo minucioso de información y de subscripciones a las revistas que ya abarrotaban las estanterías del pasillo (Padres Hoy, Crecer, Madre moderna y la prestigiosa Children’s Care, así como los fascículos y DVDs de los cursos de inglés que le serían necesarios para entenderla). Semanas de meditación sobre las virtudes y defectos de los carritos de tres o cuatro ruedas, de la estabilidad de sus estructuras, la resistencia de su chasis y el funcionamiento de sus frenos. Había almacenado comida de bebé suficiente para resistir un asedio, un millar de potitos de cremosos colores que brillaban alegres bajo el brillo aséptico del fluorescente de la cocina. Los productos de limpieza y el resto de sustancias venenosas propias de cualquier vivienda están ya guardadas bajo llave en el altillo más inaccesible de la cocina. Se ha suscrito a tres compañías de televisión por cable y dos por satélite, contratando todos los canales educativos, formativos y de entretenimiento infantil que había considerado adecuados después de indagar a conciencia en sus contenidos y en las opiniones que padres y pedagogos habían volcado sobre los mismos en Internet. Había decidido también qué leche sería la adecuada para cada mes de crianza, y se había asegurado mediante complicados y caros precontratos que no le faltaría el abastecimiento de las mismas cuando le llegase el momento. Hasta había logrado, gracias a un brillante y extrañado abogado que le había salido carísimo, que su compañía telefónica no le pasase ninguna llamada telefónica entre las ocho de la tarde y las 9 de la mañana y una preinscripción en una de las guarderías más prestigiosas de la ciudad. Tenía un calendario de vacunación completo y exhaustivo que iba semana a semana desde los 0 hasta los 12 años, y el frigorífico de la cocina estaba forrado de listados de teléfonos y mapas con las rutas más eficaces para ir a los distintos centros médicos que cualquier emergencia pediátrica podría requerir.

Camina brocha en mano (con cuidado, para que no gotee) hacia la cocina mientras lo repasa todo por enésima vez. Esto es algo demasiado importante como para dejar ningún cabo suelto. Pero se ha empleado a conciencia y ha sido meticulosa, eficiente y sistemática: todo está preparado. Al darse cuenta, en su cara se dibuja una sonrisa victoriosa, triunfal. Los preparativos han terminado. Ya sólo falta una cosa.

Así que deja la brocha en aguarrás, coge su paraguas y su bolso y sale a la calle decidida a buscar un padre para su hijo. Frente al portal juegan a la pelota unos niños, esos angelitos adorables que ella ama con todo su corazón. A su paso renqueante de anciana de 83 años ellos la señalan con el dedo y se ríen.

12 comentarios:

  1. A ver Muchacho, gracioso es, pero angusioso, lo que se dice angustioso....pues no. A mi primero me ha dado la risa (al terminarl, claro), pero luego me despierta ternurita...ternura de esa de me río porque la situación es tan monaaaaa, que es casi poética (aun a riesgo de que usted me descalabre la próxima vez que me vea por decirle poético...)

    Vamos, que a angutioso usted no gana hoy...

    Bonito palabro, BACEPIE, vamos, que el muchacho va-a-hacé-pie, pero no lo consiguió y se hundió, ohhhhhhh

    ResponderEliminar
  2. Bueno. Odio explicarme pero me parece que estás cometiendo una atrocidad, así que aquí queda esto. ¿Al terminar te has reído? ¿Y esa risa te parece bien? ¿En serio te hace gracia la locura de una mujer que concentra todos sus sueños, todas sus posibilidades de felicidad y toda su ansia en algo que, simplemente, no puede ser?

    La angustia no está en lo que se cuenta. La angustia no está en el cuento. La angustia está detrás de la risa de los niños. Y de la tuya.

    ResponderEliminar
  3. Oye, no presiones a los votantes. De cualquier manera, Zoe no se pronuncia y ¿has visto lo que dice Marina en mi blog? "Que no puede votar por motivos de afecto". Claro, por eso ha ganado Obama porque nadie le quería.
    En fin...
    No sé yo si la votación, finalmente, llegará a algún lado.

    ResponderEliminar
  4. A mí lo que me importa es que el ganador aporte la botella a la lectura mexicana.

    (colgaré este comentario en el otro blog).

    ResponderEliminar
  5. Vale: contradiciéndome a mí misma en menos de 24 horas y una vez leídos con más calma los relatos y juzgándolos con angustiosa objetividad literaria (?) y pa que nadie diga que no me mojo, ahí va mi voto:

    (redoble de tambores)
    (suspense)

    and the winner is:

    ZÖE

    (lo cual, querida, es un voto envenenado porque esto te obliga, a partir de ahora, a aportar relato los miércoles...oh, sí)

    como Nán, difundiré este comentario por los blogs afectados.

    ResponderEliminar
  6. Bueno, yo espero no liarla parda, porque podría ser que se liase y nada más lejos de mi intención.

    Llevo un par de días pensando que bien podría callarme y dejarlo estar, que esto es un juego y una excusa para echarnos unas risas, y ya está, pero no puedo, no puedo porque no dejo de repetirme eso como si fuese un mantra, pero dentro del mantra, supuestamente permisivo, hay algo que me raspa. Y por fin he visto dónde está. En el "es un juego".

    Es una apuesta, y las apuestas son juegos, efectivamente. Pero las apuestas, como juegos que son, tienen unas normas, y si en los juegos las normas hay que cumplirlas en las apuestas, donde al final alguien paga algo, más aún: es la única forma de asegurar que el vencedor respeta al perdedor, y que este último jamás podrá ponerse paranoico y pensar que ha sido estafado.

    Las reglas de este juego fueron las condiciones de su apuesta, que en principio fueron que la apuesta era entre Carmen y yo, y el objetivo era ver cuál de los dos podía escribir para el taller un cuento más angustioso.

    No tengo problema en pasar que la apuesta incluya a Zöe, aunque en rigor y siendo estrictos eso ya, como cambio en las reglas, supone la anulación de la apuesta, el reemplazo por otra nueva que debería consultarse a priori (toda esta argumentación es así de solemne porque por lo general yo me apuesto cenas, cochinillos y demás, y porque en las apuestas hay que ser solemne, porque son cuestiones de honor, a fin de cuentas). Pero la parte que no puedo pasar es que el cuento de Zöe fue escrito en noviembre de 2007, y no para el taller. Eso es injusto para Carmen y para mí: estoy convencido de que tanto ella como yo, tirando de archivo, podríamos querer cambiar el texto de la apuesta. Y las apuestas deben imponer las mismas condiciones para todos los participantes.

    Así que mi voto es que si hay que premiar a Zöe con una botella de vodka e intentar emborracharla para que acepte entrar al taller, pues muy bien, adelante con mi boto y yo compro la botella si hace falta. Pero en lo que a la apuesta se refiere, cualquier voto que no vaya o para Carmen o para mí, lo voy a considerar nulo.

    Dicho lo cual me voy al campo.

    Y que nadie se me mosquee: las formas son las formas, y cuando alguien juega al mus con cinco cartas no está bien, se mire como se mire.

    ResponderEliminar
  7. Y sí, sí, sé que voto es con uve, pero es que estoy a oscuras y la v y la b están pegaditas, ejem.

    ResponderEliminar
  8. Yo no voy a votar, que tengo que ir a trabajar y para votar hay que tomarse un tiempo muy serio -creo-. Sólo voy a decir que a mí el relato de David me dejó en realidad literariamente triste. ¿No es triste? Quizás no sea angustioso...

    ResponderEliminar
  9. Hola David,
    Tal y como te dije en el taller, te paso el enlace de una cosa que escribí hace mucho tiempo y que tu cuento me ha recordado. ¿A ver qué te parece?

    http://ideasyfragmentos.blogspot.com/2006/02/cambio.html


    Un abrazo,
    X.

    ResponderEliminar
  10. Bueno, yo creo que David tiene razón, pero ¿quiénes somos nosotros para obviar la voz del pueblo por mucho que éste esté equivocado? Llevaremos botella de Vodka de seguir esto así, pero hay que aprender de la historia, David: no se invita a nadie más a una apuesta, y, sobre todo, para ganar no importa qué se haga: recuperar textos antiguos, saltarse las reglas del juego... Debemos estar agradecido a Zoe por abrirnos los ojos.
    Pero, la próxima, que la habrá, seremos tú y yo... Solos... Y, entonces, será entonces, amiguito toledano...

    ResponderEliminar
  11. bueno, bueno, voy a utilizar mi voz, pero no mi voto... como yo lo veo...

    decir que: creo que el relato de la angustia de david es más relato y que ha profundizado en el tema sin caer en obviedades, dando vueltita a la tuerca, no sé si encaja en la angustia o en la risa que nos provoca a todos la locura ajena,... a mí eso desde fuera, me angustiaría...
    y que los otros dos, a pesar de que hacen círculos alrededor del tema de la angustia, con un lenguaje angustioso, y bellas imágenes, pecan de no contener un argumento demasiado claro ...
    no me parecen cuentos...

    eso dije yo hace días

    besos...

    ResponderEliminar

Con la tecnología de Blogger.

Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.