30.7.08

composición de sangre negrísima sobre césped negro

Dice el diccionario que una pesadilla es un sueño angustioso y tenaz.

Y de vez en cuando alguien dice que ha tenido una pesadilla. Yo no sé si las tengo. Yo tengo sueños que a veces son un tanto raros. A veces sueño que estoy despierto y que no pasa nada, yo qué sé, que vengo al trabajo o que paseo perdido, y esas cosas, que son bastante habituales en mi vida, que de hecho y por el tiempo que les dedico son, de hecho, una parte sustancial de mi vida, se me antojan pesadillas. ¿Tiene sentido, que soñar la rutina sea una pesadilla, que la consciencia dormida identifique lo que vive habitualmente la consciencia despierta sin mayor problema como una pesadilla? ¿No hay ahí un mensaje preocupante?

Supongo que sí, pero la verdad es que no me preocupa en lo más mínimo. Porque la rutina es parte sustancial de mi vida, pero mi vida tiene otras partes que son estupendas (e incluso en esas, a priori pesadillescas, existen iniciativas, como reivindicar mi nombre en la secta o vacilar a los compañeros o escribir esto o leer sobre hondas gravitacionales, viajes estelares y otra vez sobre los Puntos de Lagrange, donde no sabía yo que Gibson había puesto su colonia espacial en Neuromante, siempre pensé yo que aquello orbitaba la Tierra, hum).

Y luego están los otros sueños, que yo no veo como pesadillas porque no son angustiosos. Pero por ejemplo hoy he sonado con una playa sin mar, en la noche, donde la arena formaba miles y miles calaveras que seguían con la mirada de las sombras en sus cuencas los pasos de las personas que corrían por ellas. He soñado con la arena despedida por una carrera silenciosa en el fragor del viento, y una loma de viento y un algo terminal, y luego he soñado que uno de los hombres, caído y vencido, decidía dictar su final y se introducía una pistola en la boca y apretaba el gatillo. Pero la mala postura y la agonía le torcían los miembros y el tiro le ha salido por el carrillo, boca rota, dientes y sangre, y él sacaba la pistola ensangrentada, la apoyaba en su sien y a la segunda acertaba. Y luego el césped se teñía de su sangre, formando una obra abstracta de negro aún más negro que el del cesped, líquido y brillante, y la escena, que puede ser grotesca o siniestra, que debería ser grotesca o siniestra, era simplemente hermosa.

No recuerdo si yo estaba en ese sueño o si simplemente contemplaba, narrador de algún tipo o algo así como espectador cine. Da un poco igual, también a veces, en la vida, tengo esa confusión, ese doble papel, que a veces se cambia de golpe y me pega unos sustos descomunales (hmmm, un día tendré que hablar del primero que recuerdo). Da igual. Lo que ahora me tiene escamado es cómo puedo soñar una escena así de violenta, de gráfica, de literal, y disfrutarle de su lado estético, para luego despertar, confuso, y descubrir ordenadores y discos duros cambiados de sitio, a la Muchacha con un extraño cambio de vestuario y al mundo algo inquieto, como si acabase de adecentarse, como si con las prisas, antes de yo despertar, los encargados de enlazar la realidad la hubiesen dejado 10 grados ladeada o con los bordes deshilachados.

Y así camino yo hoy, dándome golpes con paredes que deberían estar 10º más a la izquierda, raspándome con costuras que no existen y pensando si seré un psicópata o simplemente un tipo con un alto sentimiento estético capaz de soñar ¡oh, qué bonita estampa forma toda esa sangre! después de que un personaje de un sueño se pegue dos tiros en la cabeza.

(Aunque, por otra parte, en el sueño él era de los malos, igual eso ayuda)

5 comentarios:

  1. Estabas como en un cine y por lo que has comentado en otras entradas, cuando vas al cine disfrutas de los planos y de las escenas a veces incluso más cuando la película es mala. Simplemente era un cine dentro de tu cabeza.

    Quizá la cosa hubiera cambiado si hubieras participado en el acto, dispararte a ti mismo o a otra persona o ser el que recibe la bala de otro. Pero tampoco creo que cambiaría mucho la cosa. Estamos bastante insensibilizados con el realismo visual del cine y la televisión de hoy en día.

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  2. ¿Y qué me dices de eso que los mexicanos llaman "tener el muerto encima" y que ocurre cuando uno despierta, o su cerebro despierta, pero su cuerpo no? Se ven cosas raras porque se alcanza a abrir mínimamente los ojos, uno siente que verdaderamente tiene un peso encima y sabe que, para conseguir despertar del todo, no hay más remedio que rendirse y devolverse uno al sueño por completo, aun cuando eso da más miedo todavía y mucho más angustia a pesar de que después al rato se acabe uno también despertando entero, recuperando la capacidad del grito y perdiendo aquella especie de visión sonámbula que hubiera permitido poder jurar que por la habitación se paseaba una especie de presencia.

    Curiosamente aquí suenan los talking heads. No creo que seas un psycho killer, así que me parece que acabo de confirmar tu autopiropo ese del sentido estético de la sangre.

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  3. Este blog y sus letras son de lo mejor que he visto en mucho tiempo.

    Mis más sinceras felicitaciones.

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  4. Psicópata, psicópata. ¿Cómo has podido siquiera dudarlo?

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  5. Bueno, Konrad, es que eso también lo hago en la vida, a veces, ir mirando y pensando oh qué bonito, oh, mira qué luz, por eso de lo de las fotos y tal, supongo, que hace que uno se entretenga mirando como quien ve no lo que hay delante, sino la imagen que puede salir de lo que se ve delante, no sé si me explico, hum.

    Y no recuerdo cómo participaba yo en el sueño, si era sólo espectador, o si no lo era pero me sentía como tal, tampoco.

    Lui, bueno, buscando, vi que "pesadilla" viene de la palabra peso, y que hace siglos se pensaba que se tenían porque un demonio se le sentaba a uno en el pecho y le provocaba esos sueños. A mí de todas formas esas cosas no me pasan, yo cuando duermo duermo como un lirón y, por lo visto, me muevo de formas extrañas.

    Nenita, gracias y bienvenida, siéntete como en casa, el frigorífico está ahí, el baño por allá...

    Carmen, yo creo que estoy de acuerdo. Yo, de acuerdo con una poeta. ¡Brrr!

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.