29.5.08

verdad y mentira

“Hoy, después de muchos años sin usar uno, he utilizado un paraguas. Y he recordado por qué no me gustan: donde debería colocarme yo para mojarme menos hay un palitroque de mierda.”

(Camarada Bakunin, en Halón Disparado)

 

Esta mañana he leído a Andrés Neuman exclamando, al final de un cuento: “¡el lector se merece la verdad!”, y yo he sonreído a su crueldad gamberra, y me he acordado de Martin Amis.

Me dijo Elena, hace años, que cuando leía La Información pensaba que ese sería el libro que yo escribiría, si fuese inteligente.

–¡Ójala! –respondí yo, entonces.

El caso es que ese libro, La Información, me encantó en su día, y además tiene para mí un mérito doble: por un lado, es de los pocos libros con niños donde estos no parecen unos imbéciles cursis e insoportables (me estoy acordando del atroz Niño del pijama de rayas, al escribir eso), y segundo, es uno de los escasísimos libros que han conseguido dejar en mi memoria una cita textual, que con el tiempo he venido convirtiendo en uno de mis mantras. En ella, el señor Amis hijo escribe "todo escritor es en esencia un mentiroso". Y a mí me hace una especial gracia porque es una obviedad de tamaño catedralicio, porque cuando uno escribe ficciones, al hacerlo como si fuesen ciertas, lo que hace, en rigor, es mentir, hacer pasar por cierto lo que no lo es, pero aún así no solemos asociar a los escritores el calificativo de mentiroso. Al menos yo nunca he escuchado a nadie decir “Cortázar, qué inmenso mentiroso que era”, o “Borges, que mentía tan bien, y con tal precisión”.

La reciprocidad, bien pensado, existe, aunque no sea rigurosa: algunos mentirosos son, de hecho, literatos, tal y como yo lo veo. Si el propósito de la literatura es inventar y ser creíble, ser tomada en serio, que se acepte su juego de mentiras, con sus reglas irreales aceptadas como ley natural (que vale que tiene otros propósitos, como servir de escape a la vanidad propia, incrementar el sex-appeal del escritor o evitar la muerte por aburrimiento, por decir los tres más populares), entonces yo tengo amigos que son dignos de ser llamados novelistas, que mienten y fabulan, y aunque por lo general se nota cuándo lo hacen, les quedan mentiras tan bonitas y tan logradas que da gusto escucharles.

Yo, no sé si por culpa de Amis o por culpa de estos amigos, he notado que últimamente tengo una cierta tendencia a mentirle sistemáticamente a la gente con la que no tengo demasiada confianza, digamos que gente que me encuentro por la calle, o compañeros de trabajo. Ayer conté una anécdota estupenda sobre mi padre, espantando a unos potenciales desvalijadores de casas en el pueblo, cuando entró en casa con un cuchillo enorme en la mano y con los brazos empapados de sangre hasta los codos, un día de matanza. Ellos la han escuchado, y la han dado por cierta, mayormente porque asumen que no miento porque no tengo razones para ello (pero ¿no las tengo, en realidad? ¿Por qué no?). La anécdota me quedó entretenidilla, así que ha servido para uno de sus fines, el inmediato. Pero tiene otro. Sé que si aguanto en este trabajo el tiempo suficiente, algún día volverá a salir esa anécdota, y yo deberé recordarla, y seguir tratándola con la naturalidad con la que uno trata los recuerdos viejos. Que esa mentira forma parte de un mondo inventado, novelesco a su manera, en el que yo me emplazo cada vez que miento, que me fuerzo a mantener una mentira.

En ese sentido, vivir puede ser habitar un libro, recorrer partes reales de un mundo que, en algunos trozos, no lo es.

Y a mí eso me parece francamente divertido, la verdad.

 

(Y contestando a esa pregunta obvia que no sé si alguien hará, sí, naturalmente que aquí también he mentido. Por dios, que uno, aunque cutre, es escritorzuelo, ¡qué menos!)

13 comentarios:

  1. Sí, yo me di cuenta cuando se te escapó el nombre de alguien en un post. Ese es el problema de las mentiras, que la verdad -amiga de la costumbre- nos la juega de vez en cuando.

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  2. David,
    Me ha encantado el post. No puedo estar más de acuerdo. Yo escribo mucho precisamente sobre esa mezcla. Dentro de unos años, ¿qué diferencia habrá entre la verdad y la mentira para la anécdota de tu padre en la matanza?
    Como muy bien dices, todos habitamos un libro.

    Un abrazo,
    X.

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  3. No sabía que tu padre iba en busca de la calavera de cristal...

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  4. No sabía que tu padre iba en busca de la calavera de cristal...

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  5. No sabía que tu padre iba en busca de la calavera de cristal...

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. No es cierto que la literatura sea mentira. No puede serlo porque ya el lector está avisado de que es pura invención, así que no hay mentira sino juego.
    Por otra parte, si tildas de mentirosos a los escritores, tendré que contar que TÚ, o sí, sí, no se asusten, DAVID, el mismo que acusa a los actores de no ser artistas, hizo sus pinitos en una compañía amateur. Un día se presentó a un casting para "Al salir de clase" y no le cogieron y, claro, se sintió frustrado, se debió dar cuenta de sus limitaciones para las artes escénicas y empezó a difamar a la gente que se dedica a tan noble ARTE. ¿Qué? ¿A que jode que cuenten la verdad sobre uno?

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  8. Konrad, eso fue un problema de coherencia, que encina no sólo no respondía a fines narrativos, sino a posibles defensas legales; oiga señor juez, yo hablaba de un personaje de ficción, y eso.

    Pero precisamente aquella semana, mentiras, ninguna.

    Que se sea un mentiroso no implica que se mienta siempre. Si no, vaya guasa, la verdad podría entresacarse, al final.

    Xavie, me honra usted, y me recuerda a Bolaño, pero me lo reservo para un poco más abajo.

    Martin, te leo, te leo, te leo... hay algo hipnótico en tus respuestas que no dejo de leerlas, ja ja.

    Mi padre y las calaveras, en fin, anoche le conté yo a la Muchacha una historia (cierta) que incluía a mi padre y una calavera. Va a ser que sí.

    Carmen, que el lector esté avisado no convierte una mentira en verdad. Vale que pueda ser juego, pero los juegos ¿no tienen mentiras? Que se las pase por verdad, que se las asuma, eso es el juego, pero no las convierte en verdades.

    Leo las definiciones de la RAE y sigo pensando igual. Sobre todo leyendo una que pone, creo, que está en desuso, y que me fastidia, porque es genial, pone "falsificar algo". Y escribir, las más de las veces, es falsificar vida. A veces logrando que la falsificación sea mejor que el original, por qué no.

    Respecto a inventar batallitas sobre mí, vos misma. Nadie va a creer lo de Al salir de clase. Si hubieses dicho la verdad, que fue para Hostal Royal Manzanares, todavía, pero Al salir de clase, pfff.

    Y lo que decía de Bolaño: Bolaño en las entrevistas, Bolaño escribiendo sobre Arturo Belano, Bolaño tomando rasgos de personaje e inventando partes de su vida para la entrevista, frente al personaje que toma partes de su vida y sus rasgos para la literatura. Bolaño viviendo literatura, aparte de escribiéndola. Era bonito.

    Así que Xavie, volviendo a eso, la diferencia entre verdad y mentira respecto a la anécdota, pues yo creo que existirá, pero será, eso, anecdótica en si misma.

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  9. Oye, no recuerdo haberte dicho eso nunca... aunque pienso que la novelita es muy de tu estilo, seguro que es otra de tus historias inventadas :)

    En cuanto a que los escritores son mentirosos, no estoy muy de acuerdo: creo que la literatura al final tiene que ver con los sueños y fantasmas del escritor. Y desde ahí no puedo decir que algo sea mentira solo porque no haya ocurrido. Yo estoy con Andrés Newman.

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  10. Como bien me ha corregido David, es Neuman, ejem, pido disculpas.

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  11. Por cierto, ¿te he comentado que no sabía que tu padre iba en busca de la calavera de cristal?

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  12. En las historias, escritas o escuchadas, a mí me basta con que algo sea verosímil. Porque lo que no ha pasado, pero es verosímil, puede pasar.

    Lo fantástico, no.

    Lo mal elaborado, lo inverosímil, tampoco.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.