12.7.07

68 km en 14'55"



Correr tiene su morbo. El rugir del viento, el peligro haciendo bombear el corazón a cien y disparando la adrenalina, la sensación de libertad, el gramido de un motor a tope de revoluciones, el saber que te estás jugando la vida cada fracción de segundo, que un parpadeo es la distancia que hay entre estar vivo o muerto.

Correr está fatal, y no hay que correr, eso está claro. Correr es peligroso, no sólo para uno mismo sino también para los demás, y por eso yo, diga lo que diga aquí mi primo, no suelo correr mucho; admito que no suelo ir nunca a los 120 km/h que marca la ley por autovía, pero no creo estar pecando de suficiencia si digo que, sinceramente, creo que no voy por ahí jugándome ni mi vida ni la de nadie. Circular por la autovía un sábado a media mañana algo por encima del límite, con tráfico cero o cuatro coches que, de todas formas, van todos a 140 km/h, no me parece ninguna temeridad, cuando se forman caravanas intento tener más cuidado y nunca jamás he llevado el coche a todo lo que puede dar (lo más que he hecho fue cuando una vez, y sólo una, descubrí que iba a 170 al tomar el desvío hacia el monte, después de una bajada de un kilómetro y de un rato sin mirar el velocímetro. Yo, personalmente, me consuelo pensando que esos límites de velocidad están pensados para por si un día llueve a rabiar, o hay niebla, o bastante tráfico (porque aunque se vaya más despacio esos días, cosa que suele pasar, es legal ir a 120), cuando no se da ninguna de esas condiciones no es una temeridad ir algo más rápido. Y al fin y al cabo siempre puedo fiarlo todo a mi legendaria cobardía que en última instancia siempre está dispuesta a que acuda a ella para levantar el pie del acelerador.

Correr es divertido, y por eso el mundial de motociclismo y, sobre todo, el de Fórmula 1, tienen las audiencias que tienen, aunque no pase gran cosa en ellos, aunque sean mil vueltas a un mismo circuito entre coches que, más o menos, corren todos igual, lo que le quita cierta gracia al asunto. Y por eso los juegos como el Need for Speed o el GTA Auto tienen las ventas que tienen, y por eso siempre intento tener un juego de coches en el ordenador. Lo cuál no significa que luego quiera repetir eso en la vida real, insisto; al fin y al cabo también suelo tener instalado algún juego de ir pegándole tiros a la gente y nadie razonable va a pensar en serio que un día voy a conseguir un Kalashnikov (que, por cierto, cumple 60 años y ya hay uno por cada 60 habitantes del planeta, y su dueño se lamenta de que no se le ocurriese inventar un cortacesped) y liarme a tiros por la calle.

Y en esto del correr, como en todos los campos, hay un panteón, con una serie de nombres que conoce todo el mundo, digamos Fernando Alonso, el inefable Hamilton, Schumacher, Valentino Rossi, etc. Casi cualquiera se sabe el nombre de un par de motoristas, de un par de pilotos de Fórmula 1 retirados hace siglos, ¿a quién no le suena Ayrton Senna o no sabe de donde viene la expresión ser un Fitipaldi?, pero también como en todos los campos hay una serie de nombres más oscuros, más arcanos, más rebuscados y, normalmente, más dignos de los laureles que se llevan los iluminados por los focos, retina de la masa. Igual que esta mañana he escuchado en la cafetería a dos tipos soltar el topicazo ese de que un penalty lo falla quien lo tira y luego la generalización de que todos los tiradores de penalties fallan un porcentaje grande y no pasa nada y me he quedado con ganas de preguntarles si sabían quién era mi dios particular del fútbol, Matt Le Tissier y de comentarles aquello de que de 93 penalties que tiró le pararon 1 y metió los otros 92, muchas veces cuando alguien habla de Pedrosa, Rossi o quien se tercie yo recuerdo a un sueco que se hace llamar Ghost Rider, un tipo que lleva sacados 5 DVDs donde básicamente se dedica a conducir una moto negra a toda velocidad por carreteras normales entre el tráfico diario, y/o a sacar de quicio y tocar las narices a la policía.

Descendiente noble del Prince Noir, aquel carnicero que en 1990 se dedicaba a recorrer las autopistas de circunvalación de París a más de 190 km/h en hora punta con una cámara pegada a la moto y a mandarle luego los vídeos a la policía, el Ghost Rider es un experto motorista sueco, o grupo de expertos motoristas suecos (entendiendo experto como esa clase de gente que sabe tumbarse encima de una moto en marcha, o subirse en ella, o hacer caballitos a más de doscientos kilómetros por hora) que vieron una película de Getaway in Stockholm, consistente en una carrera ilegal real donde un Porsche huye de la policía a toda velocidad por las calles de Estocolmo. El video es un montaje bastante evidente, a no ser que los policías suecos vayan en chandal y usen coches sin sirenas, y además ocurría de noche y sin tráfico, así que el motorista o motoristas (habiendo dejado clara la duda sobre si es un sólo individuo o son varios creo que voy a usar el singular) pensaron que vaya panda de capullos y decidieron grabar su propia película y hacerla con un par. Temeraria, ilegal, mal ejemplo para la juventud, todo lo que se quiera, pero hay que reconocerlo: Le echaron ese par.

Las películas en cuestión pueden bajarse de internet sin mucho remordimiento de conciencia, al fin y al cabo el tipo es un criminal, y como muestra un botón, y si una imagen vale más de mil palabras, por recurrir yo también a los topicazos, la Uppsala Run, un viaje de 70 kilómetros desde Estocolmo a Uppsala hecho en 15 minutos (sí; sale a unos 280 km/h de media) va a decir más de lo que yo podría escribir en mi vida sobre este tipo, culpable de que mi enamoramiento con la moto de la foto, la Suzuki GSX1300R Hayabusa. Así que si tienes un cuarto de hora, quieres morirte de envidia con adelantamientos imposibles y sentir el veneno de la velocidad sin ese riesgo de palmarla en cualquier momento, haz click aquí debajo (el video está en dos partes).

parte 1:


parte 2:


P.D: Las consecuencias: La copia maestra del 5º DVD, Ghost Rider: Back To Basics, que iba a salir en el 2006, está requisada por la policía, lo que junto con algún que otro video de detenciones que puede verse por YouTube hace pensar que el tipo igual está a día de hoy pagando su deuda social, por decirlo así. Y si erán varios, es probable que uno de ellos, Joakim Iceman Karlsson muriese en el 2005 en el Isle of Man TT, un trofeo de motociclislo que viene celebrándose desde 1907 en la Isla de Man a través de carreteras públicas.

Conclusión: Si hasta gente así de buena se mata, ya sabes: El correr para la tele, los vídeos y los videojuegos, ¿eh?

P.P.D: Existen dos carreras a Uppsala en los DVDs que he visto, y ahora no tengo muy claro cuál de las dos es esta. En cualquier caso naturalmente la segunda era más rápida que la primera. También existe una tercera, en plan de broma, que es ésta, y en el trailer del DVD requisado por la policía se ve otra que iba a ser la Uppsala Run 3 1/2, the Way Back Home, que prometía, prometía.

P.P.P.D: Y por mi parte no pienso volver a poner el coche a 170 km/h en mi vida, palabra. Aunque si llegué a esa velocidad sin darme cuenta fue, precisamente, porque el coche iba tan pancho y porque no vi ningún peligro. Pero por si las moscas.

1 comentario:

  1. que "déjà vu" acabo de tener. me gustó mas el otro. el fugaz...
    lo leía y era como verte correr a ti... en vez de al temerario este.
    y haces bien en no correr tanto que te queremos vivito y coleando!!

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.