18.5.07

razones para escribir


Hay varias razones que uno puede hacer para cometer, oootra noche más, la tropelía de acostarse a las mil por mucho que venga derrengado, por mucho que la noche anterior no pegase ojo (sueño escaso y de ese de vueltas y más vueltas y de despertar cada poco rato medio mareado medio estrangulado por sábanas excesivamente protectoras), por mucho que sean, en este preciso instante, la una y treinta y cinco (ya, ya) de la madrugada.

Así a bote pronto la primera es para evitar el Hastío de la pobre gente que, por mucho que aborrezca las croquetas y la salsa rosa, tienen internet castrada y sólo pueden visitar páginas útiles y este blog que, se mire como se mire, no entra en esa categoría.

La segunda es para que la gente que no ha visto ninguna, NINGUNA película nunca al menos pueda darse el lujo de escuchar The Decemberists, si la gente, que esa es otra, se decide a hacer click en el siguiente link (no muerde, lo prometo).



Y la tercera, que habrá que contar el día, a pesar de este dolor de cabeza que me ha entrado según mi cama a aparecido ante mis ojillos cansados y que dice que no piensa irse hasta que la cabeza se apoye en la almohada.

Paro con tres, que el cuatro ya se sabe, malo.

En fin. Día funesto se mire como se mire, de principio a fin. Mañana gris, rancia, de bostezos y de lucha contra la inconsciencia, sólo conjurada por la pausa del café, ese islote en mitad del océano, ese oásis en pleno desierto. Lástima que el café se beba tan rápido. Luego, por la tarde, he descubierto un método de tortura que para sí quisiera Fumanchú, aquel viejo humorista chino aficionado a las astillas debajo de las uñas y a los juegos con cuerdas, poleas, velas, péndulos afilados, sierras, clavos, cables, baterías, duchas frías, goteos inclementes, música de los 40 y restregado de tizas por pizarras, un invento que deja lo de la corbata a la altura del betún: Los "gotometings". Un teléfono en manos libres aquí, otro en Barcelona, un ordenador aquí, otro en Barcelona, tres personas aquí, tres allí, unas aquí, defendiendo una maqueta de modelo de cuadro de mando (me pregunto por qué no tenemos una alternativa fashion para llamar a eso. ¿En qué están pensando los estilistas e intelectuales de la business ingelligence? ¡Que corre prisa, cojones!), otras allí, diciendo qué bonito sería ver veintisiete pelotitas de colores (verdes y rojas, no te vayas a pensar) en una pantalla, de la forma en que plantarlas ahí cause más dolor a tu seguro servidor. Lo bueno era que estas cosas, al ser no presenciales, no exigen respetar la etiqueta, la decencia y los valores que nos elevarán hasta el éxito, la excelencia y las orgásmicas alturas de la élite empresarial, es decir, que no hace falta llevar corbata (así con la gilipollez tanto quejarme tanto quejarme y la segunda vez que me la voy a poner va a ser para la boda, pasado mañana, es decir, mañana). Y lo malo es todo lo demás. Pasar horas (una, en rigor. Pero inmensa, infinita, inabarcable, eterna, inconmensurable, plena, mayúscula, enorme, larga de cojones y no sigo porque me quedo sin palabras) mirando una pantalla inmóvil para descubrir que la conexión ha jodido el paso siguiente cuando toca darle por esas cosas tan graciosas del wifi y de los servidores; nunca te fíes de las ondas, nunca te fíes de una conexión sin cable, nunca te fíes cuando no tienes a mano nada con lo que improvisar un modelo simple de corbata para estrangular a alguien con él. El escuchar a los catalanes fantaseando sobre cómo causarte más dolor con la inconsciencia del niño pequeño que pisotea un hormiguero. El estar ahí sin poder ponerte música, sin poder mirar el correo, con tu ventana expuesta al voyeurismo de larga distancia. El ir viendo pasar los minutos, lentos como placas continentales y más o menos de la misma longitud, pensando lo a gusto que estaría uno abajo en la cafetería convenciendo a Herminia de que realmente quiere un café con hielo y no con leche. El pensar que como aquello se alarge mucho uno va a llegar tarde a una ídem de cañas.

Y cuando parece que te libras, cuando parece que has sobrevivido y que vas a llegar con no-demasiado-retraso, cuando eres feliz porque has salido vivo, por hoy, a las emboscadas de las putas bolitas de colores, cuando por fin sales a la calle y es primavera y se está de vicio y Richard Cheese canta clásicos navideños y a pesar de las facilidades que uno da ningún coche se decide a atropellarte, llegas a las cañas y descubres que el concepto "tarde de cañas" consiste en dejar que uno se embuche doscientos litros de Guinness mientras la concurrencia se limita a unas prudentes cocacolas y alguna temeraria media pinta. Lo cuál no es malo de por sí, pero lo es y mucho cuando lo haces rodeado por gente maligna que se pasa la vida insultando a pobres abogadas que no tienen la culpa de su lamentable educación ni de haber crecido con la carencia de un coscorrón que otro que pudiese ayudarles a enderezar su carácter, y a pobres guiris que no tienen la culpa de que la cerveza sea tan barata, los candados tan difíciles de apretar y el equilibrio tan difícil de mantener, a gente que te pide y roba una silla para finalmente no utilizarla para nada (y me río yo de la última batalla de la Reconquista Española, o sea la toma de la Isla de Perejil; sólo nos faltó subir la cabra de la legión a la silla y gritar viva la muerte). Con gente que es capaz de aborrecer las croquetas o de defender el consumo de claras, de restregarle a uno sus tiempos en el buscaminas y de afirmar, pese a toda mi evidencia experimental reunida en contra, que las jefas son buena gente, sólo se puede sufrir. Así que yo he sufrido mucho, muchísimo. Me quedaba el consuelo de repetirme una y otra vez los últimos resultados del Barcelona, de pensar que mi ritmo de sueño, o de su ausencia, probablemente terminase causandome la muerte o la narcolepsia en cualquier momento, y sobre todo que si al final conseguía sobrevivir a este día planearé mi venganza con alevosía y nocturnidad y dejaré que el Bar de la Muerte se desate sobre ellas. ¡Y encima me han hecho invitar! De verdad, es que del Barça tenían que ser.

Se salvan porque yo soy bobo. Se salvan porque no tengo memoria, y porque conocen a Kula Shaker y a The Killers. Se salvan porque yo soy un tipo entrañable que ya tiene cubierto su cupo de gente a la que odiar. Se salvan porque soy masoquista, y al final, verás, me veo la semana que viene intentando poner la triste excusa de que pagué yo para tomar otras cañas. Se salvan porque cuentan historias divertidas, y porque la maldad, en el fondo, es divertidísima.

Así que nada, cenaré, me ducharé, me iré a dormir e intentaré no pensar en niñas o niños de ceño fruncido, corte de pelo a tazón, cara de mala hostia y abrazo estrangulador a osito de peluche.

Pero mi venganza será terrible. Siempre lo he dicho, yo nací para malo de película de James Bond, y ya sé que nunca nadie me cree, pero ¡ya verás!, ya verás.

Oh. He escrito por ahí un "causándome" sin tilde, y no tengo ánimo para retroceder hasta ahí, así que la dejo aquí: ´ . Buenas noches.

3 comentarios:

  1. Animada por mi propia risa ante tu vívida narración le he dado al play. Tenías razón, no muerde ni mucho menos, y me ha gustado. Eso me ha convertido en un ser osado: le he dado al cover de Nirvana... Y ahora pienso que debería haberlo hecho antes, mujer de poca fe. Sigo dándole al play a ver que pasa...

    Tu panopticón se sigue negando a q comente, no le debo caer bien, pero ohhh parece un dibujo de cuento... o un cuadro al óleo

    y MoMe: dale al random... que te mezcle las cuatrocientas y pico que ya hay... como sugerencia.

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  2. Pues claro que no, si yo escucho música amable, simpática y áltamente tolerable (también).

    La de Nirvana es genial, aunque sólo sea por el principio: "Here is one for the ladies! Rape me...", ja ja.

    Cuéntame cómo va el asunto de los plays y la osadez.

    Gracias por lo del a foto, es mi favorita del viaje a Asturias :)

    Lo del random es una buena idea, para eso está el botoncillo. Para eso y para escapar rápidamente de las fotos horribles, claro. Aunque te arriesgues a caer en otra peor.

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  3. pues... a ver: la de los eagles of death metal se me ha hecho más larga que un día sin pan (cansina en mi nunca modesta opinión). la de Estradasphere... ejem... digamos queeee NO ME GUSTA NADA. En cambio me encanta la de offspring, parece una canción y no sólo ruido... me cae bien este señor queso. (y q final como de niño pequeño tocando el organito de fisher price)

    y como eres... escapar de fotos horribles a otras peores... (ahora entiendo lo de ser borde: eres borde contigo mismo)

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.