15.11.06

Los hippies

Ojalá el mundo fuese como lo soñaban los hippies, con sus alas despegando sobre el humo de marihuana y sus motores carburando con LSD. Ojalá existiese esa harmonía que sólo se siente cuando los sentidos se cortocircuitan por efecto de la química de la felicidad y la música sobre flores y nubes. Y todos fuésemos buenos y felices y pudiésemos arreglar los desbarajustes de la gente a base de abrazos, que nuestro cariño, que a veces es suficiente para reírse de la pequeñez del Atlántico (como si uno pudiese reírse de un océano, qué vergüenza), pudiese atravesar nuestra piel, cabalgar la luz, el sonido y los rayos cósmicos y desvanecer las preocupaciones de la gente, estén hechas de lo que estén hechas, sin necesidad de tiempo, ni de médicos, ni de agujas, ni de batas de hospital ni de camas con eterno olor a humedad y a medicamento.

Entonces yo ahora no estaría aquí. Estaría corriendo, imitando a gritos el alarido de una sirena reparadora y borracha, cruzando las calles llenas de tráfico como un profeta supera los mares (o partiéndolos por la mitad o caminando por encima, siempre habrá clases y nunca se sabe cuál es la propia hasta que el mar se decide, por lo general a indicar que o nadas o te vuelves a casa. Y llegado el caso mi tocayo Meca sería un piltrafilla a mi lado). Y daría un par de abrazos (bastaría con uno, pero yo, aprovechando la excusa, daría dos, más vale asegurarse), y nos ahorraríamos un montón de trámites, y el cariño, esa cosa tan bonita, tendría otro sentido que el almacenarse en nuestras bodegas y envejecer como los buenos vinos para tomárselo a sorbitos en las noches de sonrisas y felicidad (porque nunca llega a agriarse, o al menos nunca algunos cariños con denominación de origen), y el mundo sería un lugar mucho más hermoso y los hippies habrían sido unos adivinos, y no los idealistas bucólicos y perdidos, los soñadores que precisamente por eso, por soñar, hoy día odiamos porque el sarcasmo y la desesperación son norma, porque miramos el mundo y decimos que qué otra nos queda.

Porque el mundo es así, y las cosas pasan. Porque nos llueve la ceniza y casi nunca nos preguntamos, como ahora, ¿por qué el mundo es así y las cosas pasan?

Curar, curar, lo que se dice curar, igual no curan. Pero por si las moscas, mis dos abrazos (y ya puestos tal vez alguno más) ya están en la recámara. Prepárate.

4 comentarios:

  1. El mundo está estupendamente como está, menos aburrido, donde va a parar! XD
    Además yo es que soy incapaz de imaginar un mundo como el que cuentas sin verlo a cámara lenta y con el "all you need is love" beattleniano como hilo musical y me pone ligeramente nerviosa esa imagen :S
    ¿Qué sería de nosotros sin los problemas que nos permiten intentar encontrar las soluciones??! ¿donde estaría las soluciones y la felicidad temporal que estas te aportan? que estres, todo el dia pululando en esa pseudo felicidad, per deu!

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  2. Mujer, no sé qué te has fumado, pero ¿¡que el mundo está perfectamente como está!? ¿Hace mucho que no ves el telediario? :P

    Lo de los nervios esos, pues sí, cierto, pero no tendría que ser así. La banda sonora podría ser A Foggy Day in Vietnam de Led Zeppelin, y ganaría mucho, ¿eh?

    Aunque tienes razón en lo de la pseudofelicidad. Pero tienes que admitir que ahora está muy de moda eso de renegar de ella y de el optimismo en general. Porque supongo que al final todo el mundo ha visto algún telediario, o se lo han contado.

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  3. Yo pienso que el fin está cerca, por eso debo aprender a sobrevivir en un mundo post-apocalíptico cuanto antes.

    Eso sí, nadie me quitará el optimismo realista que llevo por bandera aunque Mad Max se haga realidad.

    Hay que sonreir.

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  4. El mundo es así porque así lo estamos haciendo nosotros.
    El mundo, la vida, no es ningún camino de Rosas, pero ¡¡ea!!, no nos queda más remedio que seguir luchando para vivirlo lo mejor que podamos y que los demás vivan igual.
    ¿Por favor donde está tu fotoblog? Aquí no lo encuentro.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.