19.6.06

Nada que decir

Llevo un ratito pensando qué escribir y no para de venírseme a la cabeza esa letra del Fito que se limita a repetir "y es que no tengo / nada que decir" una y otra vez durante toda la canción. Porque está visto que aquí lo que vende son o las historias con un cierto componente de friquismo para que la gente que lee esto (ya sabes cómo son, en fin, qué le vamos a hacer) se sienta identificada, o mis andanzas infantiles. Pero no me apetece demasiado ninguno de los dos temas, la verdad.

Así que puedo recurrir a lo que es contar mi vida, cómo me va el trabajo y todo eso, pero lo veo una salida así como muy fácil, y las cosas fáciles tampoco están bien.

También podría opinar sobre la palabra sutileza y sobre el derecho de la gente a no serlo, pero en ese tema estoy súbitamente contento y hasta esperanzado, y no quiero deprimirme dándole vueltas.

O sobre felicidades súbitas por comentarios dichos de pasada, confesiones a regañadientes y nostalgia de ciertas rutinas de las que como puedes ver tampoco tengo ninguna gana de escribir en plan explícito, porque vaya párrafo más vago y abstracto. Podría estar hablando hasta del Mundial. Hey, tal vez lo esté, y diga estas dos últimas frases para despistar. Qué cabroncete.

Así que voy a contar que por culpa de mi agente (que se ha hecho un blog, por cierto, cuya dirección, por respeto a la audiencia, no voy a poner aquí hasta que no me obligue a punta de tenedor, azuzándome a la gata o amenazándome con no venirse a bailar nunca más) anoche me empecé a releer un libro que me leí de pequeñajo y por culpa del cuál soy muy tolerante con las ratas y me dio una pena bárbara cuando me leí La Peste de Camus y palmaban todas (bueno, me dio pena por eso y porque el libro me pareció un puto sopor): La señora Frisby y las ratas de Nimh. Supongo que habrás oído hablar de él, porque quien más y quien menos se conocía el catálogo de la colección Barco de Vapor, que a ratos y a páginas hizo de mí un niño feliz. El caso es que el cuento va de las aventuras de la señora Frisby, una ratona de campo, que vive con sus cuatro hijos en una huerta, esquivando al gato, buscando comida y huyendo de la ruta del arado, y de unas ratas muy curiosas que viven debajo de un rosal. Oye, me encantó el libro.

Y en algún momento, mientras comenzaba a releerlo, me descubrí pensando que ese es un libro a conservar por si algún día tengo algún churumbel y en esos tiempos aún se estila eso de cogerse un libro y leer, en vez de apretar botones de la consola. Y eso, a su vez, me hizo pensar que va a ser jodido educar a cualquier churumbel en estos tiempos nuestros de pantallas y luces relampagueantes. Pero bueno, tengo a una amiga pensando en opositar para profesora y la considero lo suficientemente inteligente y bruta como para reformar, para mejor de una vez, la educación de los chavales. Al menos yo la querría como profesora de mis niños. Claro que sería mejor que no los reconociese, o se vengaría, al saber que mis genes estaban en ellos. Bueno, siempre podría decirle que la madre me engaña y que los niños no son míos... no creo que recurra a las pruebas de ADN.

En fin, que me voy del tema. Lo de cómo hacer que un niño lea tiene que ser jodido, sí. Pero siempre he leído (claro que lo he leído: qué sospechoso) que los niños imitan a sus padres, y que si te pasas el día viendo la tele verán la tele, y si te pasas el día leyendo, al final cogen un libro y te imitan, pero no sé yo, porque en el fondo ¿quién no hace lo contrario de lo que hacían sus padres? Pero bueno, digo yo que recurriendo al ensayo y error, y sobre todo con el cebo de la magia que hay en algunos libros, al final nos las apañaremos. Porque no sé, yo tengo la intuición de que los libros son como la carne humana para aquellos tigres de leyenda, de nuevo escrita, que una vez que la probaban no querían otra cosa.

Aunque no dejo de pensar si todo eso, llegado el momento, no será una excusa para volver a Malvenor Castle para trabajar de fantasma, o para ir a veranear a Isla Kirrin con los niños de Enid Blyton, recorrer el Caribe pegando cañonazos con el Corsario Negro, desmontar a HAL9000 en la órbita de Saturno, cruzar otra vez el Cabo de Hornos a bordo de la Surprise, ganarle a base de derrotas una guerra al Imperio Galáctico en el futuro de Asimov o sentir de nuevo cómo temblaba la tierra a las puertas de Minas Tirith cuando, por fin, llegaron los Rohirrim y se pusieron a repartir estopa (no, si al final tenía que salir el friquismo. Estaréis contentos), y para revivir todas esas vivencias a través de los ojos de mis hijos.

Claro que ¿eso sería una excusa, o un regalo para ellos y una recompensa para mí?

Ellos dirán, cuando lo padezcan, crezcan y opinen, supongo.

7 comentarios:

  1. ummm... claro que haces lo que ves a tus padres, lo que no haces es lo que tus padres dicen que hagas.
    Yo leo, desde cani, y nunca me obligaron a leer, ni a estudiar... lo mamé!
    Por cierto, es importante que asumas tus propias culpas y dejes a tu agente tranquila que bastante tiene ella con su sentimiento de culpa por perderlo todo!!! que cualquier dia pierdo la cabeza!!:P

    ResponderEliminar
  2. No te preocupes, yo te ayudaría a buscarla, y además sería muy fácil encontrarla. Entre el pelo, que se distingue de lejos, y la voz, que imagino que no pararías de hablar todo el rato diciendo "frío, frío, caliente, caliente"...

    Y mi culpa la asumo. Quién me mandaría firmar ese contrato que yo no recuerdo haber firmado ni he visto nunca ni nada de nada, ejem.

    ResponderEliminar
  3. ejemejem.Pues para no tener nada que decir, no veas si te ha quedado largo...

    Mis padres no leían y a mi me picó el primer gusanillo con los cómics de Vampirella, Rufus y Creppy. Luego aprendí a ir a la biblioteca a leer Asterixes y por último en el pueblo me enganché a los libros de los cinco.... pero fue por Tim qué conste, bueno y por los misterios misteriosos y por las merienda cena que se metían pal cuerpo que abrieron mi imaginación gastronómica de una manera nada saludable.

    Así que tu agente tiene un blogggquéinteresante... a ver a quien sonsaco hmmmm al cliente o a la hermana mayor nosénosé

    ¿Ves lo que pasa cuando haces un blog tan cómodo? Qué una se pone las pantuflas y la batadegüata y se explaya como si fuera el propio. Ü

    Por cierto mi más efusiva enhorabuena

    ResponderEliminar
  4. No creo que los niños hagan lo que ven en los papis,las mias solo la mitad jeje.La mayor huye de ellos como de la peste y la peque cuando está sentada en el wc dice mama un cuento, porqué será?cada uno es cada uno.

    ResponderEliminar
  5. En este momento en el que escucho miles de vociferantes seres gritando "GOOOL" y "ESPAÑAAA" solo puedo decir que me gusta la gente que no tiene nada que decir. Por eso me gusto a mí mismo.

    Y por cierto, que aquí el que escribe también es opositor (el viernes me toca ya) y se va a enfrentar a la ardua tarea de educar a alcornoques. No dudes en enviarme a tus hijos para que les enseñe arte.

    Y ya que hablas de libros que uno delegaría en sus hijos para cuidarlos con el mismo esmero que su progenitor, aquí guardo varios: La guía fantástica de Joles Senell, los cuentos de Gianni Rodari, y para edades más crecidas, Julio Verne, la Dragonlance...

    Los libros son bonitos.

    ResponderEliminar
  6. oye agente, que y quiero saber cuál es tu blog....
    Besos

    ResponderEliminar
  7. En lo referente al blog de mi agente, hay un link entre los de la derecha de esta página (bueno, de esta no, del blog) que apunta ahí. Así que ale, pedigüeñas, que aproveche.

    ResponderEliminar

Con la tecnología de Blogger.

Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.