14.8.09

Oaxaca: tiembla Chapulin, tiembla, parte 1

No es siquiera que nuestros secuestradores no llegaron pronto, sino que sólo vino uno, y tuvimos que pasarnos a buscar al otro. Después nos montamos en el coche y comenzaron con la tortura. Para mí, claro, porque era musical, y consistía en hacer sonar cantautores y más cantautores, y claro, la Muchacha imagínate.

Al rato paramos en no sé qué pueblito. A los secuestradores se les antojó pulco, y no sé cómo terminamos comiendo unas tortillas rellenas o un caldito, según el comensal. Después seguimos, y si el acto de conducir las calles era un misterio irresoluble, aún más enigmática resultó la conducción por las carreteras de las montañas de Veracruz. Por ejemplo, en determinadas curvas hay que cambiarse de carril. En una carretera de doble sentido y un carril para cada lado, claro.

Todo tiene una lógica subyacente, un sentido, un propósito. Pero para qué desentrañarlo, con lo bonito que es ese misterio.

Después recorrimos kilómetros y kilómetros por la carretera 135. La carretera 135 se ha convertido en la carretera de mis sueños, sobre todo si mis sueños consisten en conducir un Ford Mustang. A la derecha, el océano de la Sierra Madre. Al principio verdor, luego cáctus. En un rato la carretera se convierte en un catálogo de la vegetación de cierta parte de México (iba a poner toda, pero no, claro, porque en fin, no cabría, por larga que fuese la carretera). Y finalmente llegamos a un atasco y alrededor del atasco estaba Oaxaca, ciudad estupenda en la que aprendí que "Gracias" significa "no" y "por favor" significa sí. La ciudad es tremendamente bella, pero yo creo que no he dicho más veces que no ("gracias") en mi vida. Cada treinta segundos venía alguien a ofrecerte chicles, cigarros, separadores de páginas, sombreros, mecheros, muñecas, pañuelos, en fin, de todo.

Por la noche fuimos a un bar en el que se cantaba y se leía poesía. La Muchacha leyó un poema. Ella dice que se rieron de ella porque cuando al presentarse se descubrió como española, alguien la imitó diciendo "Eshpaña, joder" (aquí para imitarnos dicen siempre palabrotas, y pronuncian las eses así, "sh"). Pero quien lo hizo sonreía, y cuando terminó la gente aplaudió y nosotros nos fuimos a otro bar donde tocaba un grupito muy simpático de ska y reagge, o como se escriba. Nos bebimos una botella de Don Q y nos fuimos a uno de los hoteles más estupendos y más bonitos en los que he estado nunca. El único pero que se le puede poner es que deberían proveerse de persianas o al menos de unas cortinas que tapen la luz. Las mañanas de los resacosos (los crudos, dicen aquí) son demasiado claritas con lo que tienen.

Por culpa de esa iluminación nos dio tiempo a despertarnos pronto. E hicimos más cosas que cuento cuando tenga más rato.

2 comentarios:

  1. Adoro tus insistentes signos admirativos, Larita, ja ja.

    Besotes con guacamole y chile.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.