21.7.09

la luna pisoteada

Yo no crecí pensando en la luna como en un objeto misterioso y remoto. Cuando yo nací, ya había gente que se había dedicado a hacer historia yendo para allá a dejar pisadas, restos de equipo y módulos y banderas, y después sacar unas fotos, recoger piedras y polvo y volverse.

De eso, como todas las personas cuerdas(*) saben, hace cuarenta años y un día. Para conmemorar el aniversario todo el mundo habló ayer de ello (cada telediario, cada periódico no deportivo, si es cierto eso que dicen de que los hay), y hoy se han dedicado a publicar cartas en las que la gente dice que valiente tontería haberse gastado aquel pastizal de dinero en ir allí, con la de hamburguesas que se le podían haber enviado a los negritos del África para que comiesen bien por un día.

Yo les leía esta mañana y, muy apropiadamente, alunizaba, digooo, alucinaba.

Propongo el experimento mental de retrotraernos a la época de Colón, emplazar allí diarios gratuitos e imaginar a la gente, airada, diciendo que a cuento de qué se gasta la Corona tal cantidad de oro en, ya ves tú, cruzar un océano y traerse de vuelta patatas, que ya ves tú para lo que sirven.

Mi conclusión es que hay gente muy idiota a la que me gustaría poder preguntar si tienen coche, si tienen un buen sueldo y una tele grande, y si saben la cantidad de africanos que podrían alimentar con el dinero que han gastado en su tele, en su coche, en sus zapatillas y sus pantalones vaqueros.

Mi segunda conclusión es que la gente no entiende todas las implicaciones de formar parte de una especie que está atrapada en un único mundo, ni las que tiene ser, que sepamos, la única especie inteligente del cosmos capaz de salir por ahí a ver qué hay. Como seres inteligentes que, digamos, somos tenemos el deber moral de esparcir vida por ahí, y esos pasos que manchan la luna son el primer titubeo en esa dirección: la prueba de que salir, podemos, y llegar a alguna parte, también. Son la prueba, también, de que somos todavía una especie tremendamente romántica, pues también probamos que se podía volver. Llegará el día, supongo, en el que tal cosa sea impensable.

Mi tercera conclusión es que la gente no sabe de dónde viene la tecnología que les hace la vida más fácil, ni ve la relación entre la carrera espacial y su teléfono móvil, o su microondas, o quizá con el mero hecho de que sigan vivos, pues con tanta carrera espacial rusos y americanos tuvieron una buena excusa para no hacer una guerra nuclear.

En fin. Yo miro las fotos de los tiempos de aquel Apolo legendario, míticas, historia aún viva; veo aquella de la tierra saliendo por encima del horizonte lunar o las de Aldrin dando brinquitos por la superficie de la luna, como el niño pequeño que en realidad, en ese preciso instante, era. Y me quedo con la de la sonrisa de Armstrong cuando terminó el aterrizaje, cuando consiguió posar aquel trozo de chatarra setentera en la superficie de otro cuerpo celeste.

Crecí con todo eso en los libros de historia. No lo he vivido. Y aún así me pone los pelos de punta, y me llena de orgullo.

 

(* Las personas no cuerdas, en cambio, puede que sigan gritando que aquello fue un montaje, que la tierra es plana, que han visto al Yeti o que peculiares hombrecillos verdes empeñados en sodomizarles con materiales de alta tecnología se echaron un mus con los astronautas en la luna. La viña del señor es lo que tiene, variedad de discurso)

2 comentarios:

  1. conversación real, con un compañero de trabajo (recordemos que soy informático)

    - compañero: bueh, yo no me creo nada, esios no llegaron a la luna, lo hicieron para fastidiar a los rusos
    - yo: ...y misteriosamente los rusos no dijeron nada de tamaña falsedad
    - c: no interesaba
    - y: ya, y los aficionados que vieron al apolo también estaban conchabados. Y los telescopios.
    - c: pero si hay un documental en el que Donal Rumsfeld...
    - y: sí, ese mismo que al final de los créditos aparecen todos los participantes escojonándose de la risa en toams falsas y que se hizo como demostración de lo sencillo que era convencer a la gente de idioteces? ¡por dios, si sale un tío que se llama Dave Bowman!
    -c: Bueno, pero...¿por qué sólo hemos ido una vez?
    -y: la verdad es que hemos ido 9 veces, seis de ellas con paseíto lunar incluído y una de ellas con prueba de la teoría de Galileo de la caida de los cuerpos en el vacío (un martillo y una pluma que caen al mismo tiempo al suielo lunar), así que...
    -c: ya, ya, ¿y por qué la bandera ondea?
    -y: ostias, ¿has visto ondear la bandera en una foto? ¡vaya fucking crack que eres!... porque lo que es en el video, se ve como colocan la bandera arrugada y se queda así, tal cual, arrugada. Ya se podían haber llevado una plancha.
    -c: no sé... a mí no me convence...la tecnología no llegaba para tanto y...
    -y: me voy a por un café; si me tiene que subir la tensión, mejor por no oír chorradicas
    -c: es que te crees todo lo que te dicen los americanos
    -y: claro, hombre, yo que poná a Bush de vegetal con acento tejano para abajo, no te jode. Bah, de que´coño me extraño, si crees en un tipo con barba y túnica que manda terremotos y plagas de langosta a la gente.
    -c: oye, que eso es una cuestión de fe, no es nada científico
    -y: pues precisamente. Mira que te pongo fácil que creas en lo de la luna; kilos de pruebas (380 kilos de rocas, literalmente),videos, fotografías,trayectorias,...y tú te quedas con un error burocrático en el que se perdieron una parte de las grabaciones de la misión. Así, mágicamente, descartas el resto de material. Es una cuestión de fe, sí. de falta de fe en la ciencia.

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  2. La verdad es que que un cristiano se ponga escéptico con cosas así es, como poco, para descojonarse.

    Así que lo más admirable que veo yo en ese diálogo es que pudieses decir algo que no fuese "jo jo jo, ja ja ja jaaa, ayyy, ja ja ja, arf, ju ju ju, ja ja ja"...

    Pero no puedes pretender convencerles con pruebas, hombre. Evidentemente, no es que las busquen ni las necesiten mucho.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.