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Como perdedor profesional que soy sé reconocer una derrota épica. No se hacen las cosas bien, pero se intentan, no se consigue lo que se quiere, pero por un instante, una gota del licor con el que se destila el alcohol que corre por las venas del mundo cae en nuestra garganta, y creemos ver con toda claridad que se va a conseguir... y luego la ilusión se desvanece y miramos la realidad incrédulos, pensando que es una broma, y no, las mujeres se dan la vuelta y se alejan, los árbitros confirman que han pitado mano, los jurados no responden, el sol no sale, el paquete de tabaco está vacío, alguien no llama, llueve de aquella manera, no sale la mancha, te muerdes la lengua otra vez, el libro termina mal, no encuentras aquel disco, la película en cuestión ya no está en ningún cine, alguien no se presenta, y el autobús acaba de irse, y ya ha cerrado el metro, y no queda nada en el frigorífico...
Sentimos la vida en toda su intensidad justo antes de comprender que ese es el sabor de la vida que podría ser, de la vida que no es.
Sí. Ocurre todo eso. Pero aún así la sentimos más nuestra que nunca, más dura y más hermosa y más amarga. Uno sólo da su auténtica medida en las derrotas, ya te lo habré dicho mil veces; somos el mapa que dibujan nuestras cicatrices. Por eso la tristeza tiene la belleza más sincera. Por eso algunos preferimos ciertas derrotas a cualquier victoria.
"Somos el mapa que dibujan nuestras cicatrices ....". Me ha recordado a algo que digo a menudo pero con otras palabras.
ResponderEliminarCreo que voy a acostumbrarme con mucha facilidad a buscarte a primera hora, cuando todavía no se ha despertado la ciudad y los ojos mantienen el velo del sueño ... Sí, creo que me va a resultar muy fácil.
¡Eh! ¿Cómo se te ocurre decir eso y luego no dejar tus palabras? Que la curiosidad la llevo muy mal, yo...
ResponderEliminarPor lo demás gracias, me sentiré café con leche :)
(Aunque en lo que respecta a despertarse, la ciudad siempre tendrá en mí alguien a quien aferrarse para seguir durmiendo)