10.1.07

Enemigo de Dios


No es la primera vez que se repite la escena: A la entrada de una boca de metro, alguien predica a gritos las bondades de Jesús y la maldad de nuestro mundo, habitualmente dejando claro que la señal definitiva de la misma es que nadie le haga caso. Locos que con su fe y aprovechando el rato libre se esfuerzan en ayudar al mundo a voces, pregonando esa verdad suya. Esta última vez alguien clamaba que la única vía a la vida eterna era a través de Jesús. Bajando las escaleras del metro yo le decía a Vero que valiente tontería aquella de la vida eterna, y si alguno de esos fanáticos religiosos se habría parado alguna vez a imaginar lo que podría significar vivir eternamente, o lo que al fin es lo mismo, si alguien leyó lo que Borges escribió en El Inmortal.

La vida eterna, Dios, la fe, el creer. Según un estudio de la Enciclopedia Británica de hace once años, el 3'8% de la población del mundial (el 18'1% de los Europeos) estamos al margen de todo ese negocio o de cualquier otro afín; somos ateos. Los ateos somos el enemigo público número uno de cualquier religión, porque la negamos, porque no estamos de acuerdo: Cualquier culto que se precie prefiere tenerle a uno en la competencia (haciéndole reverencias a La Meca en vez de persignándose, por ejemplo) que fuera del juego, por tres razones; la primera, que siempre es más fácil cambiar una fe de dirección que crearla, la segunda porque siempre está bien poder tener una competencia a la hora de compararse o declarar cruzadas o yihads, y la tercera y definitiva porque quienes no creen tienen la incómoda costumbre de no aceptar los dogmas porque sí y cuestionar cosas y hacer preguntas que pueden ser incómodas.

Las religiones, al menos las que yo conozco (que según ese link son las mayoritarias en este mundo nuestro y dejando un poco al margen Asia) y hasta donde yo las conozco, nacieron como consecuencia de la curiosidad humana, de la necesidad de tener certezas y seguridades, y del miedo a lo desconocido. Por lo primero se atribuyeron causas divinas a todos los fenómenos que no se conocían, causas que según la ciencia va colocando en el reino de lo ya entendido van quedando fuera del ámbito de los dioses, y van acotando el margen de estos (y por eso no era lo mismo el Dios del Antiguo Testamento o de la Edad Media, ese ser furibundo, vengativo, todopoderoso y demás que este que tenemos ahora, un tímido voyeur supuestamente bonachón que escucha y vigila sin hacer absolutamente nada más que intentar pasar desapercibido. Y por eso el pecado de Adán, digno de expulsarle del cielo, fue querer saber, comer la fruta del árbol del conocimiento). Por lo segundo, las religiones montaron sus aparatos propagandístico, y por lo tercero enfocaron esas campañas hacia el consuelo y el autoengaño: No temáis a la muerte, que luego ya Dios nos tratará bien si somos buenos, no creáis a los que os hablen de otros dioses, y nunca, nunca, NUNCA renunciéis a vuestra fe, pues un dios sin fe de fieles en sus arcas es un dios muerto.

Pero pasa el tiempo y la humanidad aprende verdades. Comenzamos a investigar, a comprender, a saber, y como decía antes entre paréntesis esto va expulsando a la religión de nuestras vidas. Ya no se organizan tributos a los dioses para que llueva o para que salga el sol; miramos el pronóstico del tiempo. Ya no se les reza para que la cosecha salga bien; abonamos los campos, plantamos semillas transgénicas... y miramos el pronóstico del tiempo.

Por eso el Islam nos proclama como el enemigo a batir; más que los cristianos, más que los judíos, lo que más odia el Islam es el ateísmo, y los ateos de los países islámicos tienen que esconder su condición. Respecto al cristianismo, aunque en Europa se nos tolera no tenemos tanta suerte en otros países. En los mismísimos Estados Unidos, fundados entre otros por el genial Benjamin Franklin, ateo él, el primer George Bush declaró que no veía las razones por las que un ateo podría ser considerado un ciuadano de pleno derecho ni un patriota, pues aquella es una nación "de Dios", y las constituciones de unos cuantos estados (Texas, las dos Carolinas y Tennessee) prohiben explícitamente que alguien sea funcionario si no admite la existencia de un ser superior (Naomi Watts y Scarlett Johansson no cuentan). En nuestro propio país mis padres se veían obligados a ir a la iglesia los domingos. Ser un ateo era ser un inmoral, un subversivo y alguien no recomendable: Iría de cabeza al infierno, y arrastraría con él a quienes se le acercasen, a quienes se manchasen con su pecado.

Vivimos, los ateos occidentales (a excepción de los de Estados Unidos, perdidos en su Nation under God, lema que por cierto adoptaron en los años cincuenta, en plena guerra fría, donde los soviéticos eran "los ateos comunistas"), tiempos afortunados. Podemos decir que somos ateos, abiertamente, y la única reacción es que la gente no discuta mucho de religión por si las moscas, porque se tiene la costumbre de creer y cambiar el paradigma puede ser un shock. Pero los tiempos cambian, y nada nos asegura que las cosas vayan a seguir así dentro de cien años, o de cincuenta, o de cinco. Por eso siempre que digo que no creo en ningún dios ni poder supremo ni historia parecida, siento por dentro dos sentimientos muy fuertes; el primero, el orgullo de la reivindicación en honor de aquellos que tuvieron que callar sus dudas o sus certezas y no pudieron hacerlo por miedo a la hoguera, al ostracismo o al desprecio. Y el segundo, el aviso para los que vengan después, para que quede constancia, por si algún día no se puede decir, que uno puede ser ateo y no ser un inmoral ni un desgraciado. Por si vuelven los tiempos oscuros, y por un casual estas letras siguen colgando de algún servidor perdido. Nunca se sabe, pero la posibilidad existe, y vale la pena dejar la marca en esta pared digital, por si las moscas. Por si las hordas del enemigo inexistente cobran fuerza y nos vencen y nos condenan, otra vez, a escondernos.


(no tenían el Hymn 43, lástima, pero vaya esta canción del mismo disco. Y para los amantes del conocimiento aleatorio, mientras Jethro Tull estaba grabando este disco en el estudio grande de Island Records, en Londres, en el estuio pequeño Led Zeppelin trabajaba en su cuarto disco, sí, el de Starway to Heaven, Rock and Roll y compañía)

6 comentarios:

  1. Mmmhhh... me encanta Scarlett Johansson.

    Hablaría de ateísmo y religión, pero me siento TAN cansado que lo único que pasa por mi cabeza es Scarlett Johansson.

    Mmhhh...

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  2. Visto como están las cosas en Polonia últimamente, esperemos que no les dé por proponer que el ateísmo sea delito en todo el territorio de la UE o algo así.
    Jodidos fundamentalistas!

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  3. Yo habría puesto un himno anticlerical como My God de Jethro Tull, que al menos encaja en el espiritu del post.

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  4. Uy, esa era la que estuve buscando, pero no tenían y no sé por qué dije la otra.

    Pero esa fue mi primera opción. Y como no estaba pues dije "por lo menos una del mismo disco".

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  5. Perdone usted, pero Adan era un ser servicial y muy parecido al cerdo domestico qué intento convencer a Eva de que no hiciera "eso" y finalmente fue Eva quién convenció a Adan de que la fruta era muy muy sabrosona.

    Cada cual tiene sus campañas y mi campaña es la del fin de la desigualdad por género que la iglesia sigue manteniendo y fomentando.

    ¡¡¡ Quiero ser papisa ya!!!

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  6. hmmm...más bien bajamos las escaleras del metro diciendo que Madrid no paraba de sorprendernos y qeu siempre veríamos algo nuevo, como por ejemplo, el predicador....
    Licencias literarias, licencias literarias :P

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.