¿QuĆ© es lo que mĆ”s te gusta de la Navidad?, no preguntó nadie anoche, afortunadamente. Y yo, por no haberse dado la pregunta, no respondĆ "su nombre en inglĆ©s, Christmas, de Christ y Mass. Mass es misa, pero tambiĆ©n masa. La Navidad podrĆa ser la Masa de Cristo. El homenaje a los atomillos de alguien que pateo las calles de Judea hace mil aƱos inventando el hippismo con dos milenios de adelanto que aĆŗn revolotean por aquĆ, formando parte de todas las cosas." Y como nadie preguntó y yo no respondió nadie me miró como si fuese idiota. O, bueno, al menos nadie lo hizo por esa pregunta. Hubo otras, claro.
Todo esto me acaba de recordar una de esas trivialidades que sĆ© y que me parecen curiosĆsimas y reconfortantes. Una vez, de pequeƱo, leĆ o escuchĆ© en alguna parte a alguien que intentaba hacernos ver la ingente cantidad de Ć”tomos que hay en el mundo y la de vueltas que dan, y lo hizo diciendo que cada vez que respiramos, entre la burrada de Ć”tomos de oxĆgeno que nos entran a los pulmones hay, de media, unos ocho de los que salieron de los labios de Julio CĆ©sar cuando, apuƱalado por Bruto, dijo aquello de "me cago en tu puta madre, Bruto, coƱo" en fino, que para algo era un tipo de educación y modales, genio y figura, ya sabes.
¿Y lo que menos me gusta de la navidad? Antes eran las aceitunas. Este aƱo ha sido original. El dolor de mis riƱones, que la Muchacha, increĆblemente no mencionada todavĆa en este post (a lo que estamos llegando) atribuye a la ciĆ”tica, porque estĆ” elaborando una larga lista de enfermedades debidas al envejecimiento para explicar todos y cada uno de mis mĆŗltiples achaques, excepto el dolor de mi cama vacĆa, cuya causa y remedio es demasiado evidente como para bromear con mi artrosis al respecto.
Lo peor es que como me dolĆan los riƱones, por las noches estaba hecho polvo, y me mataban los taburetes y me mataba estar de pie, asĆ que o duraba poco en los bares o duraba lo suficiente como para que las virtudes analgĆ©sicas del alcohol terminasen con mi sordo (que no mudo, pobres amigos lo que han tenido que aguantarme) sufrir. Y en cualquier caso cuando por fin, rendido o borrachĆsimo me iba a mi cama de allĆ, tan envidiosa de esta por lo que la he debido contar en sueƱos, pues no dormĆa mucho, porque como me dolĆa la espalda me movĆa, como me movĆa me dolĆa la espalda y me destapaba, y como me destapaba y cogĆa frĆo me movĆa para taparme y me dolĆa mĆ”s la espalda, asĆ noche tras noche.
Eso ha producido unos sueƱos la mar de estrambóticos. De una siesta me despertĆ© porque en mi sueƱo alguien dijo esta frase, "Trafalgarias, Trafalgarias; pero eso ya son las islas Trafalgarias, entre Gomate y Bojera", y yo me despertĆ© de golpe, con los ojos como platos, y sólo pude decir "¿¡quĆ©!?" en voz alta. No suele pasarme que en sueƱos escuche una cosa que me resulte tan sorprendente como para despertarme, la verdad. AdemĆ”s hasta ahora no he tenido una conexión a internet para mirar que, efectivamente, existen lugares que se llaman Gomate y Bojera, pero no veo yo islas Trafalgarinas por ninguna parte, que la Bojera estĆ” en Montanejos, Castellón, y Bojera estĆ” en Mozambique. Me pregunto, ahora, quĆ© coƱo estarĆa soƱando yo, y quĆ© pena que el propio susto de esa frase lo perdiese en el olvido. Y me pregunto, tambiĆ©n, si no deberĆa buscar islas que estĆ©n en la lĆnea que une esos dos lugares o, quien sabe, islas que equidisten de ellos. Me lo apunto a la lista de deberes para cuando arrecie el aburrimiento.
Otro sueƱo dantesco ha sido el de hoy. Yo estaba en LeganĆ©s buscando una cabina telefónica para llamar a la Muchacha, y sufriendo el asedio de unos personajes bastante burtonianos, y al final me iba porque ni me iban a dejar intimidad ni dinero para llamar, parecĆa, y uno de ellos, que era como la parte musculosa del Maestro Golpeador de Mad Max III, me seguĆa hasta el Parque de los Olivos, donde yo hice una cosa a la que soy muy propenso en los sueƱos, que fue darme la vuelta y encararlo, con las manos en los bolsillos y dispuesto para la pesadilla, para hablar con Ć©l, porque a mĆ siempre me da por darles palique a mis fantasmas onĆricos. Pero el Maestro Golpeador, sección mĆŗsculo, no tuvo tiempo de decir nada antes de que me despertase el timbre de mi móvil. Otro enigma que nunca encontrarĆ” solución, supongo.
Y claro, despuĆ©s de todo esto he tenido que volver a escuchar esta canción que hacĆa siglos que no oĆa yo,
En otro orden de cosas, mientras fregaba hoy he pensado que deberĆa editar las entradas que escribo, digamos, "de lejos" para ponerle etiquetas, que se nos estĆ”n escapando, y que en rigor maƱana la Muchacha y yo hemos quedado por primera vez sin acoplarnos a otros compromisos previos o posteriores, sólo por quedar ella y yo. Normal en estas fechas y normal cuando uno tiene la lista de amistades que gasta aquĆ la seƱora, claro. Pero, en cualquier caso, eso convierte la noche de maƱana en la noche de nuestra primera cita, lo cuĆ”l me hace poner esta sonrisa mĆa que ya estĆ” dejando de oler a naftalina y todo.