30.9.08

planes de futuro



Lo tengo todo pensado a largo, medio y corto plazo.

A largo plazo, mi plan es convertirme en monarca absolutista, para empezar de este, nuestro país, y luego de los que decida anexionarme (qué sé yo, Mexico, Zanzibar y Nueva Zelanda, por ejemplo). Entonces me dedicaré a decapitar a un montón de gente. Ya tengo la lista más o menos preparada; empezaré por todos los comentaristas de fútbol de Antena 3 y de Telecinco, seguiré por cierto reportero de deportes de TVE, los publicistas de Citroën, etc etc.

Echando cuentas yo creo que eso lo conseguiré en unos siete años, al poco y como consecuencia de mis planes a medio plazo.

A medio plazo, mi plan es ganar 100.000.000.000 €. El primer día que los tenga, me compro un Pontiac GTO y lo tuneo como el del Niforespí. El segundo, me compro un equipo de fútbol inglés, digamos el Nottingham o alguno de esos, y ficho, por 200 millones de euros, a la selección entera de fútbol de la Eurocopa, y al Kun Agüero y a Messi. Y luego me llevo a la Muchacha a ver, de palco en palco, todos los partidos que juguemos por Europa y por el mundo.

Esto yo creo que ocurrirá en unos tres o cuatro años; en cuanto encontremos debajo de los castaños de nuestro monte una inmensa bolsa de petróleo y podamos convertirnos en jeques toledanos.

A corto plazo, pretendo conocer el mar en invierno, que no lo he visto, y siempre me ha llamado muchísimo: incluso soñé hace un par de noches con una playa adornada con hoyuelos de lluvia, y un viento gris y un paraguas debajo del que nos arrebujamos la Muchacha y yo, con los pies húmedos y la mirada embutida en las olas encrespadas, oooh.

Y mirando la agenda, sospecho que esto último ocurrirá para el puente de diciembre, cuando por lo visto nos vamos a ir a ocupar casas de playa de emporios familiares. Y será el primer paso, el primer plazo de mi escalada de conquistas y de mi serie de crucecitas, en la agenda, junto a los sueños por cumplir.

6 comentarios:

  1. Dí que si rey! y lo importante es que de repente verte convertido en monarca absolutista no te de pánico...ah no, que eso de ver que las cosas van saliendo solo me da miedo a mi :S

    Pues todo estupendo sobre todo porque sé que tu generosidad (y los mails sin pensar que envias) te van a obligar a llevarnos a nosotros tambien a los palcos esos de los que hablas.

    Y que envidia lo de diciembre ¿no?

    ResponderEliminar
  2. puedo hacer de secre, mientras no tunees ni a nada ni a nadie

    ResponderEliminar
  3. Ah no Vero, eso lo tengo clarísimo: cuando sea monarca absoluto, el miedo tendréis que tenerlo los demás. Mi frase más dicha será esa de "¡decapitadlo!"

    Efectivamente, seré muy generoso. Sobre todo con el uso de esa frase, ja ja.

    Lo de diciembre ya ves, hasta yo me envidio.

    Lara: el Pontiac GTO hay que tunearlo. Si no, no llega a los 400 caballos, jo. Y las lunas tintadas, los alerones, el morro y los faldones modificados... los fluorescentes en los bajos, ja ja...

    Pero si discrepas pues nada, qué se le va a hacer (guardias, ¡decapitadla!).

    ResponderEliminar
  4. ¿No preferirías hacer como aquel rey enamorado y decir "¡Guardias, a mi!"?

    Es que esa frase además tiene la musiquilla hecha...

    Muy buena pinta el viaje...

    ResponderEliminar
  5. Con lo bonitos que son tus sueños a corto plazo... ¿de verdad necesitas decapitar a los comentaristas deportivos de A3?

    hmmm

    ResponderEliminar
  6. Elena, te lo dije por otros medios, pero que conste: no, jamás diría eso, por lo mismo por lo que propones que lo diga, porque Les Luthiers ya probaron que la frase podía dar lugar a confusión. Señalar con el dedo y gritar "¡que lo/la decapiten!" es mucho más clarito.

    Lui, sí, sintiéndolo mucho, sí.

    O sea, no, necesitar decapitarlos yo no. Pero que los decapite otro, bueeenooo...

    ResponderEliminar

Con la tecnología de Blogger.

Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.