18.9.08

la parte contratante de la primera parte

Siempre se me han dado bien las entrevistas de trabajo, supongo que porque siempre me han dado bastante igual. Cuando necesité el trabajo las partes contratantes solían ser o bien amigotes de borracheras o gente que me debía favores por aquellos contactillos que tenía yo en la adolescencia con la gente esa del tráfico ilegal de órganos, en fin, y cuando no era ese el caso todo me daba un poco igual porque ya tenía otro trabajo y tener la rutina de todos los días y del cobro a fin de mes como que calma y relaja.

La primera consecuencia de esto es que yo no he estado en paro más que de forma no ya anecdótica, sino, hum, alegórica, digamos.

La segunda, pues eso, que siempre se me han dado bien las entrevistas. Tengo yo mis mañas, y he leído mucho (ojo que no digo mucho y bien, eh), y lo hacía con la idea de ver dónde estaba el truco, dónde ponen los novelistas las cuerditas que mueven los hilos y cómo se montan las tramas, y no, al final lo que pasa es que uno se ha leído tanto argumento y tanto subterfugio que en plena entrevista se sorprende pensando "¡eh, esta tía es buena, con una obviedad inocente acaba de reducir mi experiencia a la mitad!", que fue precisamente lo que pasó el martes, que quedé con la regente de uno de los cines X que han accedido a echarle un ojo a mi candidatura. Y a mí me gusta darme cuenta de esas cosas, y caray, no le guardo rencor a nadie por cosas como esas que, a fin de cuentas, consisten en hacer bien su trabajo.

Y yo también hago mis trampillas. No sé, hasta donde sé soy el único tipo que puede despachar una frase jugosa de su currículum diciendo "¿qué? ¡Ah, no, eso es mentira!, eso está ahí para rellenar".

Ella me miró y me dijo "David, eso deberías callártelo". Pero me lo dijo riéndose a carcajadas. Y hay otras razones, pero principalmente por eso, por haberle hecho reírse así, por cómo fue esa risa, yo creo, sospecho, intuyo que voy a ser yo quien venda las entradas a su sala. Porque hay risas que no son sino el eco de una conquista.

Eso sí, espero que la conquista sea sólo laboral. No quisiera ser yo víctima de acoso sexual ni nada de eso. Aunque ya me estuve cubriendo las espaldas al dedicar como media entrevista en contarle batallitas de la Muchacha a la buena mujer, para que ella, hábil en los subterfugios, pudiese pensar "¡eh, este tío es bueno, con cuarenta minutos de parloteo sobre lo maja que es su novia me está dando calabazas!"

3 comentarios:

  1. Pues un poco de ese arte sí que apuntaría yo en un post-it porque se me revuelven las tripas cada vez que tengo una entrevista. Con decirte que en la última entrevista me preguntaron por una temporada que pasé sin dar un palo al agua y en vez de decir "estuve estudiando por mi cuenta" o algo por el estilo le dije que sí, que me lo había tomado de vacaciones...

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  2. La sorpresa es que todas las Company son Satán.
    Salvo las pequeñas empresas, en las que el dueño se llama López, o García, y su ilusión es tirarse a la secretaria como en las películas. Más que Satán, ahí es el Diablo Cojuelo.

    Así que nos movemos para quedarnos quietos. Es como el teatro, que en cada acto cambian la pintura del fondo y te dices estos es un castillo, esto es la cocina, esto...

    ¡Pues no, amigos! Esto es un escenario y no sabéis lo que me cuesta limpiarlo por las mañanas, que está muy bien eso de tirarle una copa a la cara al galán, pero quien luego limpia la mancha soy yo, que ya estoy más que harta de todos vosotros con ese amor por la cultura.

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  3. Salve a la Bestia, Devoradora de Mudos. Satan por todas partes. Pobre Ratzinger Z.

    Y yo a la cultura no la amo, lo nuestro es sólo un rollito pasajero, una cuestión de hormonas. Creo.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.