5.8.08

violencia romántica

“Pobres de nosotros. Pobres indefensos ornitorrincos.”

(Rafael Reig, otro que está –o estaba– de Rodríguez)

 

El mundo es un lugar esencialmente violento, cosa que nosotros, los supervivientes, tendemos a olvidar con relativa y eficaz frecuencia, probablemente porque con nosotros, los supervivientes, el mundo no termina de mostrarse tan violento como puede. Como hace con los que no logran ser supervivientes, por ejemplo.

Es una especie de principio antrópico, a su manera.

Nos acostumbramos a la violencia, y la incorporamos a nuestra circunstancia, o la negamos, o la obviamos, o la cogemos con pinzas y guantes de fregar y la miramos al trasluz, guiñando los ojos lo suficiente para ver otra cosa, o para no verla.

Se nos da bien. Por ejemplo anoche, cenando con unas cuantas de las mexicanas y con Oswaldo (dueño del garito más legendario no ya de todo México, sino de toda América) y su señora, preguntamos por la violencia y los narcos, con ese horror tierno que se siente cuando se pregunta por esos asuntos tan legendarios y tan míticos y, analgésicamente, tan remotos. Oswaldo y su señora llamaban a los tiroteos tirotisas, palabra que a mí me pareció de una belleza luminosa, musical. Utilizaban la palabra a menudo, con una familiaridad pasmosa, mientras nos contaban cómo estaba el mundo por aquella parte, batallas de los Zetas, genealogías de los cárteles. Todo muy terriblemente legendario, terriblemente mítico; analgésico-terriblemente lejano.

Sin embargo, hace un par de sábados, en plena plaza de Ópera, Madrid, vimos a un tipo dándole una paliza a otro por un asunto de drogas. En pleno centro de la plaza, gritando y golpeando con saña a un hombre caído e indefenso. Diez minutos o un cuarto de hora, sin policías apareciendo por ninguna parte. A mí me pareció muy inquietante, muy extraño que, durante al menos 10 minutos, no apareciese ni un solo policía por aquella plaza, que quieras que no está a 2 minutos andando de Sol, donde siempre hay policía, y está en el camino a mil sitios y de camino de diez mil sitios.

Pero nosotros somos supervivientes. El mundo fue bastante más violento, aquella noche, para el traficante o camello o yonqui que estuviese recibiendo aquellos puñetazos.

Contaba la Muchacha que esta semana pasada en Madrid, ciudad civilizada y tranquila y tan decimonónicamente europea, hubo siete muertos en siete días, en varios tiroteos.

Pienso en todo esto y, la verdad, tiendo un poco al susto, porque la Muchacha se va hoy a la playa (se está yendo, ahora mismo, a la playa) y me deja aquí de Rodriguez, solo que yo soy un Rodriguez que tiende un poco al susto cuando ella no está y yo puedo asustarme a placer sin que ella me conjure la tontería con un parpadeo o una sonrisa o una caricia o lo que se tercie. Pienso en todo esto y en eso que le dijo su abuela,

–Muchacha, ten mucho cuidado, que he soñado que te paraban en el coche y te descuartizaban.

Y abro mucho los ojillos y pienso que la voy a llamar por si las moscas, y lo pienso muy alto y muy fuerte para no escucharme mientras también pienso que qué excusas más tontas me busco para preocuparme y para llamarla por teléfono para que me asegure que todas sus extremidades siguen puestas donde deben. Pero en fin, es divertido, y al fin y al cabo los dos tenemos bastante claro que si la llamo no es para que me diga que sigue entera, y aquí se queda la violencia, sino, simplemente, para escuchar su voz, y aún sigue el romanticismo.

10 comentarios:

  1. vale, pero no la llames mientras conduce, si va conduciendo.

    "tirotisas", qué risa.

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  2. Me gusta lo de la lejanía analgésica. Me recuerda a aquellas rosas como melones (¿eran así?) y a otra cosa que dijiste un día y que decidí utilizar pero ahora no me acuerdo. Cachis.

    ¡¡Qué bárbara, la abuela de la Muchacha!!

    Viva el romanticismo, majo. Que se suele ver más poco...

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  3. NáN se me ha adelantado. Te iba a decir lo mismo, que no la llames mientras conduce, a ver si la van a parar por eso y se cumple la profecía de su abuela.

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  4. A los catastrofistas sólo os diré dos palabras: manos libres.

    Y a Lui, que ya te vale, si olvidas mi palabra no la extiendes, y si no la extiendes, ¡como profeta no me vales!

    Tendré que buscarme otra mesías para fundar mi religión. Qué pereza, en agosto, buf.

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  5. No sé si decirte que tu texto me ha provocado pelos como escarpias, o que me uno a las voces que te dicen que si conduce no la llames, aunque entiendo que quieras hacerlo. Yo soy adicta a Zoe y cuando no estoy con ella, la llamo 15 veces al día. Puaj, ya veo que eres bastante poeta.

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  6. Ahora mismo, en cuanto llegue al curro (me he dormido, ji ji), te escribo un correo insultante. Eso No Va A Quedar Impune.

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  7. tirotiZas con Z de zetas!!! te contaría otra batallita aquí en la playa con narcos y tiroteo que sucedió ayer ante los macsojos... pero ya lo hice ayer... no nos quedan tan lejos esas historias. No. Mierda.

    Bersos lindo.

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  8. Uy, si se ha enfadado el pedazo de poeta. Anda ya, todos sabemos que a la gente de su calaña (vamos, los de los versos) se les va la fuerza por la boca. Será...

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  9. El otro día, en frente del AVE de Atocha, explotó algo desde debajo del suelo. Yo estaba en una casa a escasos 10 metros de allí. Me asomé al balcón inmediatamente, acojonada por la explosión, y vi que la carretera se había abierto por la mitad, como en las pelis, y del surco salía humo. Un atentado. Estaba convencida. Un atentado en el metro. Al final resultó ser una explosión en el sistema eléctrico de noséqué.
    Cuento esto porque no tardaron más de 30 segundos de reloj - de verdad- en aparecer un montonazo de polis secretas. Salían de todas las esquinas, parecía que hubieran estado esperando la explosión. En 2 minutos habían cercado la zona.
    Por eso, me llama tanto la atención que nadie hiciera nada en Ópera. Estoy segurísima de que había algún secreta, pero pasó 3 kilos de meterse.

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  10. Tirotizas pues. Y ya me contaste, Cadiz Vice, ejem. Bersos para ti también, envidiada.

    Carmen, continúa mi enfado. Poeta yo. Y tú... tú... tú... ¡¡¡abogada!!! Ala, toma insulto gratuito.

    Sti, exacto, esa es mi idea, que aquello tuvo que ser más un ejercicio de miremos para otro lado que de desguarnición, muy lamentable todo. Supongo que es más fácil y más cómodo perseguir a los negritos del top manta.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.