26.6.08

víspera entre sueños

–No te subas a ninguna noria –me advierte la Muchacha, porque desde las profundidades proféticas de algún sueño está viéndome encaramado a una noria que se precipita al mar, mientras ella pone cara de susto y Conde-Duque, a su lado, grita “¡se nos mataaa!”. Yo apuro mi café y pienso en las escenas de noria de 1941 y en aquel mítico “hay un portasubmarinos japonés aterrizando en la playa”, y pienso también que ya le vale no haberse subido conmigo a la noria, que qué majete Conde-Duque incluso en sueños y que al menos no le ha dado por soñar con Esperanza Aguirre (otra vez). Y termino el café, la prometo que hoy nada de norias, le doy un beso, la miro por última vez, abracadita a la almohada y sonriente en sueños, pongo cara de bobo, bostezo, compruebo por decimoséptima vez que me he subido la bragueta del pantalón (para evitar así esa escena, por otra parte habitual debido a mi naturaleza volátil, en la que descubro su estado de apertura debido a la mirada alarmada de alguna venerable ancianita el metro o a la sonrisa maléfica de algún viandante; mismamente ayer acerté a subírmela frente a una cámara de seguridad del Metro, que ya debe tener un expediente considerable de mí como exhibicionista), y salgo a la calle y le aprieto al play del iPod. Paul Bostaph ha vuelto a Testament, y en cuanto comienzo a escucharle me dan ganas de oír a Dave Lombardo aporreando algo. La rutina de siempre, y como de costumbre últimamente Simon O'Laoghaire termina llevándose el gato al agua, y suena Primordial. Camino hacia el metro pensando de nuevo en el sueño de la Muchacha y en el mío, que aún recuerdo a jirones; he soñado con una plaza grande sin cesped ni árboles, a la que daba un callejón en el que había un bar donde estaban los autores de los blogs que visito a cuyos autores sólo conozco de la cortesía distraída de las respuestas mutuas de cuando en cuando: Martín, Ángel, Lui y otros que en realidad sí que conozco de más cosas. Los enumerados en puesto impar me regañaban por mi francés de broma y me enseñaban, a toda prisa, cómo decir “me cago en tu padre” y “por favor, querría un café” en la lengua de Alejandro Dumas, y en mi sueño, claro, aquello sonaba como “me cagüen tu padgue” y “excuse mua a café si vu ple”, aunque cuando yo lo repetía así ellos me decían “no no no no no, se ne pa de guian du lo burdè quis qui sì pe te mi tuas”, o algo así, que no sé ni qué intentaba mi subconsciente que significase. Caían tintos de verano a la sombra de una sombrillita de mahou y la Muchacha y yo les mirábamos pensando que qué graciosos y que qué salaos, sobre todo Martín, que tenía un aspecto francamente gracioso, probablemente porque la única imagen con la que mi sueño construía su rostro era el del dibujo de su avatar (lo que explica que Lola estuviese siempre en penumbra y sin una cara definida, porque ni eso).

Me cruzo con una mujer que viene leyendo, en voz alta, algo que lleva escrito en unos folios que sostiene ante sus ojos, y eso me hace sonreír y me da ganas de meter la cabeza a ver si reconozco esas líneas cortadas de la poesía, pero pienso que da igual, que esa estampa, una lectora caminando por la calle San Bernardo a las 9 menos diez de la mañana, es poesía, sin necesidad de la reiteración de los versos.

Pienso entonces en los versos de la Muchacha, en esa escritura que me deja siempre como un cervatillo cegado por las luces de un trailer de 20 ejes, que ocupa sólo parte de cada línea porque el resto de lo escrito no tiene tanto que ver con la reprografía como con la neurología, y pienso que qué boba es, siempre pensando que a mí esas cosas que no entiendo no me gustan, aunque en rigor tiene razón y gustar no sea la palabra, que debería ser otra con ingredientes de fascinación y de entraña y de pulso y de vuelos rasantes.

Termino pensando en cuánto hay que leer y qué poco sitio para ponerlo en papel, y que en ese sentido que gran hallazgo es internet, en cuánta gente escribe y en esta gente que escribe y se me cuela en los sueños: qué curioso tiempo este en el que hasta los personajes de los sueños se los puede uno terminar bajando de Internet, y meto mi billete en el torno del metro y le saco a la lengua a la cámara que hoy se queda sin función de antistriptease, sintiendo que de alguna manera que me da pereza pasar a limpio todo esto no es más que el zarpazo mortal que la SGAE tiene partiéndole la yugular en dos.

Y luego juega España, y unos cuantos escritorzuelos nos iremos a verlo mientras tomamos mojitos en el Quiet Man de la calle Valverde, porque tomar mojitos en un irlandés es obligatorio de puro absurdo, esperando que se cumplan nuestros pronósticos, y que España gane digamos que 7 – 2 a Rusia (goles de Ashavin, Torres en jugada ensayada, Senna de falta, Ashavin otra vez, luego Silva por tres veces y luego Torres otro par) en el tiempo reglamentario, que hay que irse prontito a la cama que mañana a las 8:30 sale nuestro avión rumbo a Olalalandia.

9 comentarios:

  1. sólo digo una cosa: pobre muchacha...
    la pagas por capítulo?

    anda qué anda qué

    ji

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  3. Aroa, si algún día escribo mis memorias, en justicia el 80% de los ingresos serán suyos por derecho. Y el 10% restante después de restar el 10% de mi ineficacísima agente, también, por su santa paciencia, pobrecita mía.

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  4. David, Si algún día escribes tus memorias, el 80% de nada es nada.


    ¿El 80% de lo que tendrás que pagar en indemnizaciones se lo cobrarás a ella?


    ¿Antes de borrarme me sacarás la lengua como haces con las cámaras?

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  5. ¿¡Indemnizaciones!?

    Prueba a demandarme ^__^

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  6. Fascinante, hermanador entre líneas.

    ¡Qué buena semifinal! Yo con Heineken y en taburete alto.

    ¿Qué tal la ciudad más seguida y más pesada del mundo?

    A ver si os pasáis otro día por Zarzalex, Ciudad de Vacaciones, pero sin horarios ni coches.

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  7. Vaya. Me he convertido en parte de sus sueños de usted, cosa harto curiosa.
    Le felicito por su exposición y espero que se lo esté pasando bien en París.
    Ya le pasaré alguna foto mía de verdad, para que se ría agusto.

    Un abrazo.

    Me ha gustado mucho su sueño.

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  8. OOOH!! David, no te lo vas a creer (este ohh es por muchas cosas)yo vivía en frente del Quiet Man!!! ¿Ponen mojitos ahora?
    El resto de las cosas es porque me he reído mucho con lo de que te nos bajes de internet; porque "me cago en tu padre" puedes sustituirlo por un "va te faire foutre" que seguramente he escrito mal; porque no has podido menos que soñarnos en un bar (al menos hablo por mí) y porque, como te contestaba en mi blog, espero que hayais jugado estupendamente a Horacio Oliveira en París... ya contarás, ya...

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  9. Miguel, ¿que qué tal?, horrible, tienen la ciudad llena de calles y avenidas y escaleras y parques y plazas y puentes con el evidente fin de asesinar las piernas del turista feliz. Con las nuestras casi casi lo consiguen. Por lo demás, estupendo.

    Martin, así fue, así fue. Excepto por lo del homicidio en grado de tentativa hacia las piernas.

    Y Lui, el mundo es un pañuelo. Ponen mojitos, sí. Ayer el camarero guiri tardaba como 49 minutos en preparar cada uno, pero al final los ponen.

    Ya contaré, ya, más tarde. Si me deja la euforia futbolera, que esa es otra. Qué saturación de temas, leche.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.