10.6.08

informe de prendas de género #2: los tacones

No voy a distraerme, no: Por mucho que hoy la Muchacha se haya contado que tuvo un sueño en el que su vecino de abajo se dedicaba a plantar drogas y yo a robárselas y que desde que lo soñó cada vez que se cruza con él en la escalera se siente culpable, no voy a distraerme. Tengo una misión en la vida. O en esta semana, vaya. O hoy. Sigamos con las prendas absurdas. Hoy, volvamos la vista hacia las damas.

A veces, cuando hablo de corbatas delante de alguna mujer, como lo hago con tanto sentimiento y le pongo tanto drama al asunto (el tratamiento rutinario que le doy a todo, en realidad. Deberías verme llorar mares, soltar alaridos que hacen crujir y rajarse las copas finas y darme en el pecho esos porrazos tamtámicos), esta me compadece y dice que hay pobrecito y que la suerte que tienen ellas, su género, es que dentro de lo arregladillo pueden venir como les venga en gana, y sonríen, sintiéndose en ventaja.

Y una mierda, contesté yo a eso mentalmente cuando, estando en la puerta de la secta mirando a los taxis pitarse, vi pasar a una moza que calzada con unos tacones cruzaba la acera con unos movimientos de robot de cine malo de ciencia ficción de los años ochenta. O de insecto desgarbado. O de títere manejado por titiritero artrítico, epiléptico y borracho. O de vieja plataforma petrolífera en pleno proceso de hundimiento y demolición. O de derrumbe de andamio. O de gigante de carnavales. O de palillos chinos manejados por gaijin inexperto dentro de cuenco de sushi.

Y luego pensé que pese a verse tan terriblemente incómodos incluso desde mi distancia, mi ausencia de empatía y mi instinto, que implacabla tiraba de mis ojos como un metro más arriba, se veían también considerablemente enternecedores. No supe por qué, y me dio pereza ponerme a pensarlo, así que dejé que una esquina cualquiera se tragase a la robocop con tacones, le eché una mirada distraída a la última pareja de taxis beligerantes, me encogí de hombros, di la vuelta y fui hacia el ascensor, pensando otra vez en lo de las plataformas petrolíferas, y pensando también que a veces se me va un poco la mano con las comparaciones y las metáforas.

12 comentarios:

  1. un poco. Pero el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

    Conclusión?

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  2. Ah, ¿que no le puse conclusión?

    Pues que en todos los géneros cuecen habas. Unos bajo la pechera y la calor, y otras en los pinreles espachurraos y en los vértigos por las alturas antinaturales.

    Y un poco, sí. Pero es divertido.

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  3. Sí que son incómodos los tacones, sí, pero es que...hacen unas piernas tan bonitas. Y hace que las faldas, los vestidos e incluso los vaqueros queden muucho mejor. Psicológicamente dan más poder. Y el efecto, si llega el caso, de clavarle el tacón a alguien en un ojo es mejor que atizarle con una zapatilla, ¿o no?

    ¿Y que me dices del efecto fetiche? Dicen que los zapatos de tacón son objeto erótico de primer orden, cosa que no he oído, por ejemplo, de las Converse All Star...

    Y umm, no sé, a mi las mujeres con corbata me gustan, jajajja

    bss

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  4. ¡Pero qué cosa superficial es esa, el aspecto y lo bonito! ¡Que lo que cuenta es el interior, leñe!

    Si fuese por eso yo hablaría maravillas de la corbata. Pues no aporta señorío a mi miguelangelesco porte ni ná.

    De lo de sacar ojos ni idea, porque como nunca he llevado tacones no he tenido el gusto. Para eso yo llevo siempre encima una linda cucharilla.

    Y lo del efecto fetiche de los tacones, soy legendario entre los hombres porque no me gusta Angelina Jolie, ni me ponen los tacones. Me parecen un incordio, más que otra cosa.

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  5. Ofú, no tengo tacones; no tengo televisión; no tengo lámpara en el salón, sólo una bombilla; no tengo corbata; no tengo minifaldas; no tengo más que cuatro gigas en el ipod; no tengo capacidad para hacer yo mi declaración de la renta; no tengo puerta en la habitación de mi compañero de piso y ronca; no tengo límite con las tapas gratis de El chorrillo, y no tengo ni idea de por qué me he puesto a enumerar. Pero voy a probar lo del poder psicológico que dice en tierra de nadie que otorgan los tacones y me voy a comprar unos. Ahora, espero que a nadie se le ocurra meterse con mis andares porque no tengo ni idea de como se hace para llevarlos como dios manda...

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  6. No busques ese consejo en mí; si en cosas que conozco puedo ser un patán, en las que no, peor.

    ¡Y lo de la tele ya te dije que no es excusa para nada!

    Los 4 gigas tampoco. Son los que tengo yo. Y para 50 minutos de metro al día, cumplen, ja ja.

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  7. ay y yo no tengo ni ipod...
    pero, siempre están las 'cuñas' eh? david, apunte, cu-ñas...
    sin desestabilizar
    y el mismo efecto

    un beso, corbatitas
    anda que no disfrutas tú su cuando se te rebela ese trocillo de tela planetaria y echa a volar tirando de tí

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  8. No se preocupe, aroa, que yo le regalaré un hipo de ésos.

    Espero volver a verla pronto.

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  9. grasiah, salao
    que vea cuanto aprendí con el cóctel

    (jiji)

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  10. no quiero tener que recordarte, querida "muchacha" esas botas tuyas negras que nos hicieron deslizar peligrosamente por todas las calles de Córdoba. Pero qué divertido el riesgo, la adrenalina de sentir que podríamos acabar con los adoquines centenarios clavados en alguna parte del cuerpo.

    un beso

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  11. sí, el dueño de este blog tb puede dar fe de aquella vez un sábado a media noche que terminamos boca abajo todo lo largos que somos (uuuuy larguíiiiiiiisimos) en el paso de cebra de la calle san bernardo... y el moratón que salio después, de origen distinto al de ayer, no?

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  12. Belén, ¡delatora!, qué calzado esas botas negras, pedazo de derrapes y trompos que se marca la Muchacha. Que no es del todo exacta al decir que terminamos boca abajo, porque cuando ella se cayó y yo me tiré, yo aterrice boca aba...

    Uy, tonto de mí, ¡lo había entendido al revés!

    Tienes razón, querida, tienes razón.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.