24.7.07

la rompiente



Este post es, más que nada, una excusa para poner aquí esa canción.

Había que pensarle un título, había que pensar algo que escribir debajo. ¿Es trampa, pensarlo a posteriori? ¿O puede ser honesto escucharla, escribir mientras?

Ni siquiera es una canción que me guste especialmente. Pero me mata la melodía de la guitarra en ese momento en el que el cantante (no conozco su nombre: Los Red Hot Chili Peppers son demasiado populares como para que me interese realmente por ellos. Así son los caminos de la estupidez. De ellos sólo conozco al Flea, porque a) poca gente se llama "Pulga" y eso llama la atención y principalmente b) porque tocó el bajo en el segundo disco de The Mars Volta) se calla un rato, justo antes de que empiece a suspirar. O murmurar. O hablar bajito. Lo que sea que haga. ¿Qué más da?

El caso es que se piensa la canción, se piensa algo que escribir, después, pero no se escribe. Y pongo el título, porque el título es lo primero que aparece aquí para rellenar (qué sinsentido), y se va escuchando mientras se escribe todo este terrible rodeo para no hablar de la rompiente en sí, que no es un rodeo aposta pero podría ahorrármelo (no quiero ahorrármelo. He ahí el problema, si es que eso es un problema. No, no lo es) y se descubre que la canción pega. Que la canción empieza ondulante como una ola, etérea como la espuma, clara, cristalina, sumamente marítima, para luego romper y dejarnos en ese punto en el que el mar se condensa en fuerza motriz, en revoltijo de sal, arena arañada del fondo y agua encabritada. Orgullosa, henchida de sal.

A veces el mundo simplemente encaja. Va dando tumbos por ahí, tropezándose con las cosas, versión surrealista del cubo de Rubik de un dios puesto de lsd, y de pronto plaf, las cuentas cuadran.

Y yo tengo esa impresión, la de estar en la rompiente de las olas. Últimamente. O a veces. De alguna manera. A pesar de estar aquí, caminando por las calles, sentado en mi maravillosa silla del curro (azul, blandita, con reposabrazos y dos cualidades necesarias para alcanzar el nirvana: Con ruedecitas, y reclinable. Puedes balancearte en ella. La felicidad), escribiendo esto, cenando, yendo o viniendo en coche a alguna parte. La impresión es la de estar donde algo va a desencadenarse, donde algo se está desencadenando. La de una fuerza externa, ajena, invencible, que puede llevárseme al fondo, como pasa a veces (y luego uno sale medio axfisiado y con el bañador relleno de arenilla húmeda, pegajosa y persistente) o llevarme hacia la playa de esa forma engañosa y muy de amante que tiene el mar de hacer esas cosas, y uno nunca sabe si va a terminar depositado en la playa o arrojado contra una roca o arrastrado de vuelta al líquido primordial de nuestros antepasados, los primeros seres autorreplicantes.

Y es una sensación curiosa.

Es en momentos como este cuando realmente entiendo y envidio a surfistas y poetas (y a aquella señorita de allí).

2 comentarios:

  1. No siempre, pero a veces los rodeos son necesarios. otras veces, es mejor sustituirlos por las palabras: A bocajarro.
    He leido dos veces el texto, sin y con música. Sólo con ella cobra algo de sentido para mi. Je,je

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  2. lo he leído muy rápido. tengo problemas con la fuente de alimentación, pero mola esa sensación de intuir algo grande... espero que tengas razón!!! ya me contarás!!!

    besos desde el pleistoceno (me quedan 15 min de batería)

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.