21.11.06

Ausencias

Esa viene a ser mi biblioteca oficial, o la parte de ella que entraba en la imagen; los libros que han sobrevivido a la mudanza, a la rapiña de los amigos, a los olvidos de unos y de otros y al paso del tiempo que, no sé por qué, se empeña siempre en andar privándome de la literatura. Hay libros que no paro de comprarme; los compro, los leo, me encantan, los dejo o se los llevan, pasa el tiempo, se olvida el asunto, recuerdo el libro, recuerdo que lo presté o alguien se lo llevó, y olvido quién. Así que vuelvo y me lo compro otra vez, y el proceso puede repetirse tantas veces como las que hacen falta para que uno piense de si mismo que es un pelín estúpido. Pero al final siempre termino meditando sobre lo triste que es tener un montón de libros encerrados en casa y que al fin y al cabo fueron hechos para ser leídos y que si alguien se los leyó pues genial, porque eso significa que al menos yo y probablemente la otra persona los hemos leído. Pero piense que soy un poco estúpido o que es genial por los libros, mi biblioteca está en su mayor parte formada por los libros que en su día estuvieron y ahora andan fugados. Tengo una biblioteca formada de ausencias.

También tengo una vida formada de ausencias. Bueno, hay gente que no, que es como ciertos libros que se resisten a desaparecer y se reencarnan en sí mismos, pero también hay muchas ausencias, y últimamente me está dando por pensar en algunas. Gente de la que hace siglos no sé nada, gente que el tiempo empezó a empujar y yo, que nunca he sido quién para obligar a nadie a quedarse cuando no quiere o no se da cuenta de que se aleja, yo, que asumo la presión de la vida y la entropía, he dejado marchar con una sonrisa tristona y el deseo, las más de las veces, de que les vaya muy bien en la vida. Silvia, Jose, Lourdes, Iván, Belinda y todos los demás, se me dispara la memoria a realizar sus catálogos de urgencia de los que nunca termino de fiarme (cómo podría si en el último recuento de exnovias me di cuenta de pronto de que sistemáticamente me he venido olvidando de la que daba los besos más dulces, pobrecita). No sé dónde andaréis, pero espero que la vida os esté tratando como merecíais que os tratase. Y si por casualidad alguno da con esta página tan tonta como su dueño (más improbable era lo del euromillón y ahí eché yo mis dos euros), pues un saludo muy fuerte, abrazos y demás. ¡Y mandadme un correo diciendo cómo os va, coño!

5 comentarios:

  1. Bravo.

    Ésta ha sido una entrada muy bonita (no como las del furbol, que en esas entradas se lesiona la gente).

    No, vaya, me ha gustado leerla y eso que son las 23.30 y voy a morir de sueño en breve.

    Ausencia. Ausencia... Fíjate que justo hace unos minutos estaba revisando unos poemas que voy a pasarle a una amiga y entre ellos están Ausencia I, II, III y IV.

    ¿Cuándo hablarás de plátanos?

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  2. ¡Cuando se los saque del OGT moreno, o sea, nunca!

    - Perrico sale a todo correr con una sonrisa mongólica en el rostro tras haber obsequiado al mundo con tan certero comentario -

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  3. Tambien tienes una estanteria formada de Okupas, porque algún que otro libro de esos no viven ahi normalmente (de hecho deberían vivir en mi casa junto con los libros que huyeron de la tuya :D )

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  4. Perro, no todo el mundo adora los plátanos por lo mismo que tú. Hay quienes no babeamos y sufrimos crisis de impaciencia ante la perspectiva de los desgarros anales fruto de... pues eso, de la fruta. En cualquier caso me alegro de que te hayas pasado de las piñas a los plátanos. ¡De canarias, espero! Que las manchitas tienen que venir de serie.

    Juotanillo, hablar de plátanos, hmmm. Pensaré en ellos, a ver qué me dicen.

    Y Vero, querida, al menos tú hablas de okupas, mientras que mis mil películas y mis vete a saber cuántos pueblos hablarían, si pudiesen, de secuestro, y no de huidas. Con lo bien que los trato. Y tampoco tengo tantos libros tuyos, que recuerde un par, y los tengo encima de la montonera para recordar leerlos prontito y devolvértelos con premura, primor.

    Uy, qué barroco me siento.

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Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.