20.4.11

Lo que hice en todo este tiempo

Venga, venga, rapidito, que nos tenemos que ir de vacaciones: vengo a contar qué he hecho durante todo este tiempo en el que no he escrito nada por aquí.

No he hecho nada. ¡Hasta luego, felices vacacio...! ¿Qué?

Cierto: no haber hecho nada nunca fue excusa para no escribir aquí.

Vale: mentí. He hecho un montón de cosas. Sobre todo a nivel celular, a nivel celular he estado ocupadísimo.

Lo más destacable que he hecho ha sido un particular remake de cierta escena de Bailando con Lobos (una escena que incluía un colt y bastante ausencia de ropa, bastante exacta salvo por los indios, que en lugar de indios fueron imaginarios asaltadores de casas) y soñar, una noche, que íbamos la Muchacha y yo en un taxi que compartíamos con Emilio Aragón.

Sí sí, ahí, a mi ladito, se sentaba Emilio Aragón: no sé si fue una pesadilla, porque mis pesadillas siempre son así de raras -si son pesadillas y no sólo sueños raros-. Aunque quizá a alguien con menos sangre que yo sí que le habría dado miedo tener ahí a Emilio Aragón. Ese señor que exporta Médico de Familia a otros países para que la adapten y la editen, que yo no sé cómo eso no cuenta como arma de destrucción masiva. Ese señor que posee La Sexta, también.

Me pasé todo el sueño pensando qué decir que no fuese que si le molaba Chuck Norris. Pero no se me ocurrió nada.

También he hecho más cosas pero después de hablar de Emilio Aragón a ver quién va y las cuenta.

4.4.11

Justificada

Así está mi ausencia: justificada.

Así mi silencio: justificado.

Concretamente, mientras escribo, justificado a la izquierda. Espero que luego quede a línea completa. Es que me gusta mucho ver a todas las líneas distintas pero iguales en su longitud.

Mi silencio, decía. Es que estaba ocupado, sabes. Ahora tengo un perro que pasear. Y, hum, eh, también tengo otras cosas que hacer, como por ejemplo, uh, cosas que no puedo poner aquí porque son secretas, shhh, secretísimas.

Pista, vale: incluirá foto de frente y foto de perfil.

Y por otra parte es que estamos la Muchacha y yo aprovechando los vacíos en las series de rigor para ver The West Wing a todo trapo. Y yo, por mi cuenta, me he enganchado a otra serie, justificadísimamente porque se llama Justified.

A ver: cada uno tiene sus obsesiones y sus cosas. Se ve, por ejemplo, cuando miras las nubes y te preguntas ¿qué ves?

Hay quien ve doncellas rubenescas, hay quien ve dragones y malandrines, y yo veo revólveres y jinetes y cosas así. Porque, recordarás, a mí es que el género ese tal del western me gusta un poco obsesivamente.

Pero quizá no sea tan raro ver una serie contemporánea y distinguir, en el mundo actual, a un pistolero del Far West, cuando el prota de la serie luce la misma cara que lucía en Deadwood y, además, va por ahí sombrero en lo alto, botas a los pies y pistola al cinto, y tiene la habilidad, la manía y la costumbre de desenfundarla con mucha soltura. Ved, ved:



Así que tengo muchas cosas que hacer. Encima mi jefe es un tipo absolutamente incomprensivo que me hace trabajar. Anda que va y me dice "oye David, vete a mirar nubes al Retiro" o "vete a casa, que seguro que te apetece más echarte una siesta que estar aquí" o "deja, deja, que hoy lleno yo las botellitas de agua". Nada de eso. El tío empeñado en que justifique mi sueldo.

Mientras, me consta, el mundo no ha sido considerado conmigo y ha seguido girando, con algún tropezón mayúsculo (ay, Japón) y algún tropezón tonto (ay, Sporting). Hay guerras, hay radioactividad, hay de todo.

Pero no pasa nada: ya somos uno más para opinar sobre cómo está el mundo. Desde el sábado, Valentín opina gráfica y olorosamente en las calles. Lo hace muchísimo mejor que los tertulianos que sobreviven a los parpadeos del zapping. Pero mejor no hablo del zapping porque si no voy a terminar preguntando si alguien sabe quién es Victor Sandoval y por qué sale todo el rato en Telecinco clamando ¡tragedia, oh, el horror! sin referirse ni a Libia ni a Fukushima.

En fin, que interrumpo mi silencio. Escribiendo. Qué estupidez, como si escribir fuera hacer ruido, más allá de el runrún del teclado. Vamos a interrumpirlo pues con algo que suene, ¿no?

Por ejemplo, con Simon & Garfunkel. Versionados, claro.

4.3.11

Valentín contra Internet

Valentín potencia la entropía de una manera inversamente proporcional a su tamaño, y la Muchacha y yo asistimos asombrados a tal prodigio de la naturaleza: menos mal que de cuando en cuando un personaje suyo (de la Muchacha: Valentín, aunque gusta de apretar las teclas del ordenador, aún no se ha decidido a escribir nada) sale de un cuento y viene a restaurar el orden, la limpieza y la decencia a cambio de un par de discursos de derechas y de diatribas en contra de mi buen Mourinho.

Yo a veces pienso que lo que hace Valentín, en la medida de sus descomunales poderes, es luchar contra la naturaleza voluble del universo. Ante el vacío previo a la propia existencia y frente al abismo de lo que queda por suceder, Valentín marca sus improntas en el espaciotiempo luchando contra los trapos, masticándome los cordones, reubicando el calzado de la Muchacha y, todo hay que decirlo, construyendo monolíticas estructuras realizadas con la materia ya no prima de su peluda tripita y emplazando pequeños lagos dorados allá donde mea. Afortunadamente este último par de cosas, en un arranque civilizador que le agradecemos, lo hace donde debe, en unas hojas de periódico que tiene en un baño y, por si las prisas y por ser su residencia en horario laboral, en un rincón de la cocina. Es Valentín, así, el más asiduo consumidor de prensa de la casa, comentario este que el otro día le hice a un vecino que trabaja en El Mundo y que por la cara que puso no le hizo mucha gracia.

En cualquier caso, los modales no venían de fábrica, y Valentín los ha ido aprendiendo gracias a los trucos que nos enseña la sabiduría colectiva almacenada entre los rincones libres que dejan las estupideces alojadas en Internet.

Un dia que yo estaba ahí indagando sutiles manipulaciones de la mente animal, sorprendí la mirada de Valentín posada en mi cara. "Qué diablos hará este", se leía en sus ojillos. Y yo le expliqué a qué me estaba dedicando.

Pensé entonces que es estupendo esto de tener acceso a las experiencias ajenas: nosoros jamás hemos criado un cachorrillo, pero no importa. Le pase lo que le pase, alguien lo ha documentado, ha enumerado las complicaciones y ha dado soluciones. Internet, a diferencia de la fregona, triunfa en su batalla contra Valentín.

Cuando terminé de explicarme, Valentín me miraba atribulado.

-Lo que tiene que hacer tu especie -concluí- es una Internet canina. Con vuestros foros de amos humanos, comentando "a mi amo le pasa esto", "mi amo es así", y con métodos sobre cómo actuar en cada caso. Ese día estaremos perdidos, y a partir de entonces seremos nosotros los que llevemos la correa al cuello por la calle.

Creo que Valentín se quedó con la idea, pero que nadie tema. Hasta que no progrese en sus talentos mecanográficos, no hay nada que temer.

20.2.11

palabra de Yahveh

(Como no tengo fotos de Dios, pongo la de un angelote que le mira raro)

Por fin estoy cumpliendo un despropósito de año nuevo: me estoy leyendo la Biblia.

Está siendo divertidísimo, en realidad. Aunque Yahveh es un tipo bastante extraño: será omnipresente y omnisciente (aunque yo no he leído todavía que lo sea), pero fue bastante bobo con el asunto de Caín y Abel.

Va Caín, descalabra a Abel, y se va silbando. Al rato aparece Dios (aún nadie ha dicho que sea omnipresente. Tampoco se ha dicho nada de que haya más malo que una culebra que habla, por ahora) y se mantiene, más o menos, este diálogo.

-Wassup, Caín.

-Wassup, Yahveh.

-Oye, ¿qué sabes de Abel, que lo estoy buscando y no lo veo?

-Hum... ¡qué buena tarde hace!, ¿eh?...

Pero al final Yahveh se da cuenta de la vaina y se mosquea muchísimo.

Abel, hijo de Adán y Eva, se va de destierro. ¿Y dónde se va? ¡A una ciudad! Que me pregunto yo qué hacía una ciudad ahí, si los únicos habitantes del mundo, en aquel momento, eran Adán y Eva. Tenía que ser la leche la vida nocturna de esa ciudad.

Hay partes en las que me confundo un poco, como cuando Dios crea al hombre y, según el primer relato de la creación, lo crea "hombre y mujer", a su semejanza (¡Yaveh era hermafrodita!). Y justo después te cuentan el segundo relato de la creación donde no, lo crea hombre, y luego viene el asunto ese de la cirugía y la clonación y la manipulación genética (porque Adán tendría cromosomas XY y Eva, claro, debía tenerlos XX: alguien tuvo que borrar una de las patitas de la última X).

Y mi impresión general es que Dios será un zoólogo estupendo, tanto bicho que creó, pero como narrador es bastante cutre. No para de repetir palabras. Es capaz de decir "corrupción", por ejemplo, cada dos frases, cuando va y le dice a Noé que se va a cepillar a la humanidad mediante un cataclismo que debió ser como un octubre y un tercio de noviembre en Ferrol, 40 días lloviendo.

Esa, por ahora, es la parte en la que me he estancado, porque me da muchísima risa: justo antes, los copistas de la palabra de Dios te van haciendo una lista de sucesores de Adán y Eva, y el método consiste en ponerte que nació, que a tantos años tuvo a un hijo (el más zascandil fue uno que lo tuvo a los 60. El resto, más maduros o más torpes, se esperaban hasta los 150 o los 300 para tener un churumbel), y que después vivió tantos años más, hasta un total de los que fueran (se agradece la enseñanza empírica a sumar, en cualquier caso).

Todos vivían en torno a los 900 años y pico. Y resulta que cuando se llega a Matusalén, que vivió 970 años o por ahí, te dice que tuvo un hijo a los nosecuantos años, y que después vivió 762 añitos, todavía.

Su hijo le dio un nieto a los 162 años: se llamó Noé.

Y a los 600 años de vida de Noé, va Dios e inunda el mundo y mata a todos los hombres y a los animales no porque, por orden suya, Noé salva a los animales, los reptiles y los pájaros (obviamente nadie se acuerda de los peces, que no debían ser tan corruptos, pero claro, ¿a quién no le gustan los acuarios?). Se salva Noé y familia, sus hijitos y sus mujeres.

Y si uno hace la cuenta, lo del padre de Noe se entiende porque había muerto 5 años atrás... pero 600 + 162 = 762, es decir, que Matusalén vivió el tiempo que tardó su hijo en parirle al nieto del Arca, mas los 600 años que pasaron hasta el diluvio.

Y claro, me dio la risa, ¿¡Noé se olvidó al abuelo en la gasolinera!? ¿Fue accidental? ¿Fue aposta? ¿Tan plasta era, a sus 962 años, sin que se hubiera inventado el Sonotone ni la brisca?

Y me da la risa, y no consigo pasar de ahí.

Es una pena, porque sé que me esperan la prostitución inducida de familiares y parejas de los elegidos del señor para con los señores de Egipto, y después la vida de Jesús, que seguro que guarda alguna cosa jugosa que se olvidaran de contarme en la Catequesis. ¡Y al final el apocalipsis, que era inminente hace 2000 años, cuando se supone que el mundo sólo tenía 4000 años!

Vamos, que tan, tan, tan inminente no era, la verdad.

15.2.11

Valentín, a secas

Ayer se presentó la Muchacha en casa con cara culpable, que no vi, porque los pasajes de acceso de Palacio tienen unos cuantos recovecos. Pero aunque no la vi, supe que la tenía cuando escuché lo que dijo.

-Me vas a matar.

A lo que yo respondí tras imaginarme rápidamente asesinándola y viéndolo bastante improbable:

-¿Yo? No creo.

Y entonces doblaron el último recodo ella y una especie de animalejo blanquito y correteante que movía el rabo como si estuviese a punto de morir de una sobredosis de coca.


Así que ya no somos dos. Ahora, tenemos perro.

O, bueno, un fragmento de perro, al menos, de pequeñajo que es.

Eso sí: su astucia es inversamente proporcional a su tamaño, al contrario de lo que pasa con, lamentablemente, su higiene. Pero estamos intentando convencerle para que se porte con civismo y haga sus cosas donde debe, y no donde le broten.

Por ahora va ganando 5-1 o una cosa así. Pero la que ha acertado, ¡qué emoción!
Con la tecnología de Blogger.

Hola, me llamo David, tengo un blog, me gusta la música que no le gusta a nadie y las películas de Clint Eastwood, aborrezco las fotos de anocheceres y cada vez más libros. Escribo bobadas, sin pensarlas mucho, y cuentos del oeste que, que no cunda el pánico, no cuelgo aquí.